En reuniones reservadas, Caputo admitió su preocupación por el freno de la actividad y deslizó algunos cambios; la crisis interna que desató el caso Adorni y la ofensiva de Karina Milei contra Bullrich.
El “Argentina Week” en Nueva York fue un evento organizado con mucha anticipación, destinado a promover inversiones en el país y explicar los logros del rumbo económico. Ha sido, sin duda, la apuesta for export más importante desde que Javier Milei llegó al poder. Y en ese sentido, el balance fue altamente positivo para el Gobierno, porque pudo transmitir su mensaje en el corazón financiero del mundo, que incluyó su compromiso con el equilibrio fiscal, la apertura comercial, la competitividad y el rigor monetario.
Está claro que la audiencia ya vio pasar varias gestiones con promesas similares, pero esta vez los libertarios tienen más razones para ser creíbles. Igual todos asumen que los resultados en materia de inversiones no serán inmediatos, porque a la Argentina su historial todavía la condiciona decisivamente. Las frases de Milei contra los empresarios Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla fueron un recordatorio innecesario de la idiosincrasia imprevisible que rige en estas pampas.
Pero por fuera de los escenarios y de los discursos, pasaron cosas, algunas públicas y otras más reservadas, que terminaron marcando el pulso del evento. Giros económicos, polémicas, internas y un cotillón multicolor que le dieron ese ritmo vibrante que caracteriza el día a día del país. Una semana bien argentina.
Uno de los datos más significativos que detectaron los operadores e inversores que más conocen a los actores locales, fue el sutil deslizamiento que sufrió el mensaje que transmitieron Luis Caputo y Santiago Bausili en las reuniones reservadas. Por primera vez aparecieron evidencias de una preocupación real por la caída de la actividad económica, un tópico generalmente relegado en el vocabulario libertario.
Interlocutores de esos encuentros privados relataron que el ministro abrió la puerta a una baja de las tasas de interés y a una renovación más acotada en las licitaciones de deuda para liberar más pesos en la calle, aunque eso implique postergar un poco los objetivos fijados en materia de inflación. Una auténtica herejía para el credo libertario, que jamás será admitida abiertamente. Esta lógica es la que parece estar detrás de la frase que dejó Caputo, cuando señaló que la posibilidad de perforar el piso del 1%, “si no es en agosto, será en septiembre u octubre”.
Son varios los que le atribuyen parte de la responsabilidad de este viraje a la influencia del uruguayo Ernesto Talvi, un economista que fue incorporado como asesor de Hacienda. “Él se reunió con Caputo varias veces, y a su vez Caputo le llevó el mensaje a Milei. Talvi siempre recuerda que en Uruguay la inflación no se bajó en siete meses sino en siete años. No digo que los convenció, pero sí que les hizo ver que el precio de eliminar la inflación en el corto plazo estaba siendo muy alto en términos de actividad”, señala un viejo operador que dialogó con todos ellos en Nueva York.
El Presidente mira con escepticismo estos giros, pero por ahora lo habilita. Lo dejó en claro en una especie de broma, cargada de intencionalidad, que le hizo a Bausili en su exposición. Fue cuando después de elogiar la compra de reservas que está haciendo el Banco Central, le advirtió: “Pero que esas compras no se vayan a inflación, por favor, o sea, cuidado cómo los comprás. Ya sabés que si fuera por mí…”. Un Milei auténtico, con la teoría abajo del brazo.
Caputo es el que está más inquieto. Algunos miembros del Gabinete admiten haber escuchado sus tribulaciones por la baja de la recaudación, incluso mucho más brusca que la caída de la actividad económica. Empieza a percibir una dinámica de estancamiento, que puede ser riesgosa en materia de expectativas.
En este contexto, marzo apunta a ser el peor mes, por lo cual en el Gobierno prevén un apretón fiscal muy marcado. El ministro de Economía les advirtió que deberán ajustar fuerte los gastos para pasar este momento. La promesa, fundada en datos fácticos, es que a partir de abril empezará una recuperación, por la liquidación de la cosecha del campo, por la suba de los precios de las commodities y porque estacionalmente en el segundo trimestre los precios tienden a estabilizarse, en comparación con el primer trimestre de vacaciones e inicio de clases. Por eso apuesta a ciertas medidas que puedan estimular la actividad, sin que el impacto inflacionario sea tan notorio.
Cerca del equipo económico orbitaron los gobernadores, también protagonistas de la puesta en escena. Cumplieron su papel de acompañar al Gobierno y transmitir un mensaje de cierta confluencia de objetivos con el plan libertario. Los que miran el largo plazo creyeron ver en esa sintonía síntomas de una Argentina previsible, que no pegue un volantazo con un futuro recambio de gobierno.
Pero quizás haya que moderar un poco las ilusiones. Así como en público apoyaron el rumbo, en las conversaciones detrás del cortinado también dejaron dos ideas muy claras. La primera, expresada por uno de los mandatarios referenciales: “La baja de la recaudación nos está impactando muy fuerte en la coparticipación y si el gobierno sigue así, en pocos meses vamos a tener problemas graves”. Hay varios de ellos que reportaron dificultades para la actualización de los salarios públicos y enfrentan protestas cada vez más intensas.
La segunda idea fue expresada por otro gobernador: “Vamos a acompañar al Gobierno hasta mitad de año más o menos. Después va a empezar la carrera electoral porque todos estamos convencidos de que Milei y su hermana nos van a plantar candidatos propios para competir. Así que todos los que podamos vamos a desdoblar elecciones y ahí empezará otra historia”.
Bienvenidos a bordo
El apretón de marzo que pronostica Caputo trajo a la escena a otro protagonista central de la semana argentina: Manuel Adorni. Antes de que el jefe de Gabinete se tropezara con su esposa en la escalinata del avión, el Gobierno había anunciado un cambio en el proceso de autorización de cualquier gasto que ejecute el Estado. Concretamente estableció que todas las erogaciones, además de contar con la firma de los ministros Caputo y Diego Santilli, también debían llevar el aval de Adorni. “Es una medida para centralizar y controlar todos los pagos que se hagan. Esto es sobre todo por el cuello fiscal que estamos atravesando”, reconoció un alto funcionario al tanto de la movida.
Esa decisión la había tomado la semana anterior Karina Milei, en medio de una dinámica de fuerte empoderamiento a partir de su intervención en el Ministerio de Justicia. Adorni representa siempre el brazo ejecutor de la hermana presidencial. Y el Adorni que viajó a Nueva York el fin de semana pasado era la versión más fidedigna de esa centralidad del poder. Por eso la turbulencia aérea que sufrió lo impactó especialmente; era la figura más ascendente del Gabinete de la mano de Karina.
De hecho fue la propia secretaria General la que se encargó del “operativo respaldo” para alinear a todos los ministros con mensajes de apoyo a Adorni. Fue un gesto desesperado ante una crisis comunicacional profunda. Quedaron en evidencia las limitaciones del Gobierno cuando debe hacer un control de daños y para articular un mensaje claro.
El propio jefe de Gabinete hizo escalar el tema en su desacertada entrevista en A24 al inmortalizar el término “deslomarse”. Un colega de Adorni contó después: “Esa palabra entró con mucha fuerza en la gente. Al día siguiente fui al gimnasio y me decían: ´Te estás deslomando´. El daño fue muy grande”. El impacto que tuvo el tema en redes sociales fue más alto incluso que Andis.
A partir de ahí, todo fue desconcierto; nunca hubo una línea discursiva ni una estrategia clara. Apenas un desesperado Javier Lanari, lugarteniente de Adorni, pidiendo a los funcionarios que salieran a bancar. Como había ocurrido con episodios similares anteriores, no se armó un comité de crisis. Previsiblemente, tampoco apelaron a los servicios de Santiago Caputo y su ecosistema comunicacional. Estas fragilidades volverán a ponerse a prueba ahora con las nuevas revelaciones en torno del caso $LIBRA, que parecen ir cerrando un cerco que exigirá explicaciones más precisas de parte de Milei y de su hermana.
La primera foto de Adorni y su esposa, Bettina Angeletti, en Nueva York fue publicada por Radio Jai, en el ingreso a la tumba del rebe de Lubavitch. Eso derivó en el primer problema de la secuencia, que fue la admisión de que ambos habían viajado en el avión presidencial.
Objetivamente hubiera sido una falta ética menor si no fuera por toda la retórica que el propio Adorni mantuvo durante años contra los vicios de la casta política. Si incluso en 2024 llegó a anunciar con solemnidad un decreto que limitaba el uso de aeronaves oficiales, entre otros motivos para evitar el viaje de familiares. La condena pública que recibió fue sobre todo por incongruencia. Demostró que en el fondo no era tan distinto al resto. Y eso impactó muy fuerte en el capital simbólico de la narrativa libertaria. Habrá que ver cómo procesa la sociedad este episodio después del impacto inicial.
Pero inmediatamente después Adorni enfrentó un segundo episodio, que puede traerle mayores dolores de cabeza: el viaje con su familia en febrero a Punta del Este en dos vuelos privados, uno de ida y otro de vuelta (esos charters se pagan por tramo). No sólo por los costos y por las dudas sobre quién pagó ese servicio, algo que quiso explicar, claramente sin ningún éxito, su amigo y compañero de vuelo Marcelo Grandio. El problema es si ese vuelo es una expresión de otros gastos fuera del alcance salarial que percibe el jefe de Gabinete; si en el fondo representa un estándar de vida distinto al que traía hasta transformarse en funcionario. Ahora, como Karina, Adorni también quedó en manos de la Justicia.
La filtración del video en el que se los ve subir a la aeronave de la compañía Alphacentauri en San Fernando reavivó la interna del Gabinete. Desde el menemismo libertario le atribuyeron la difusión de las imágenes a Santiago Caputo, aunque después cambiaron la figura penal para decir que si no fue así, al menos no la había evitado. Fue otra embestida que apunta a instalar la idea de que la SIDE a su cargo no está funcionando como corresponde y que hay que forzar un recambio. La misma tesis había surgido tras la repatriación del gendarme Nahuel Gallo por gestión de la AFA.
Pero lo cierto es que el aeropuerto de San Fernando, al lado de la pista de aterrizaje tiene una pista de espionaje, porque todo el mundo ve y filma lo que pasa allí. Por eso en el caputismo apuntan a agentes residuales de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), que aún responden a viejas terminales kirchneristas. Lo que está claro es que detrás hay alguien con timing político, que guardó el video durante un mes, para filtrarlo en el momento que podía lograr mayor impacto.
Pato rengo
Pero las internas libertarias empiezan a tener ramificaciones inesperadas. Como ya la puja con las huestes de Santiago Caputo es desigual, empezaron a aflorar otras rencillas que impactan en figuras clave del staff oficialista. El blanco de las últimas semanas ha sido Patricia Bullrich, quien ha quedado en la mira de Karina Milei por lo que entiende que es un exceso de autodeterminación de su parte.
Esta semana esas diferencias quedaron expuestas por la obturación definitiva al desembarco en el área de Migraciones de Diego Valenzuela, un aliado de la senadora. Era un nombramiento que supuestamente había sido parte del acuerdo de transición en el Ministerio de Seguridad.
El argumento oficial es que el exintendente de Tres de Febrero pidió una estructura demasiado amplia para la agencia, y que incluso reclamó que tuviera rango ministerial. La titular de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que pasó de ahijada política de Bullrich a ser una rival inesperada del brazo de Karina, no aceptó esa demanda y argumentó razones fiscales para bloquearlo.
Pero a nadie se le escapa que detrás rige una fatwa de la hermana presidencial que ordena congelar la proyección de Bullrich. En el Gabinete hay varios que lo admiten abiertamente. Y este tema tiene muy inquieta a la senadora, y se lo transmitió a algunos funcionarios. De hecho, hubo una reunión de un grupo de legisladores que le responden para evaluar cómo actuar si la ofensiva karinista se acentuaba.
En el entorno de Bullrich dan por seguro que Karina dio la indicación a toda su tropa para que le hagan un vacío, y ponen como prueba que la semana pasada la senadora estuvo dos días en Rosario para una actividad de la Fundación Libertad y no fue nadie de LLA, por indicación de Romina Diez, procónsul de la jefa en Santa Fe. Disgustada, Bullrich habría expresado frente a varios testigos su malestar por el cerco al que se sentía sometida. No termina de entender por qué la hostigan cuando ella le facilitó al Gobierno sus primeros éxitos en un Senado que hoy parece la cámara preferida del oficialismo.
Quizás deba mirar la disputa por la candidatura principal en la ciudad de Buenos Aires el próximo año. Allí se cruza su camino con el de Adorni, e incluso con el de Pilar Ramírez, la más directa referente de Karina en el distrito. Si a eso se le suman los intereses de los Menem, está claro que el empoderamiento de la hermana presidencial en el esquema de Gobierno también trae consigo el florecimiento de estas internas de la interna.
Así es este Gobierno. Puede descender hasta estas miniaturas después de desplegar sus alas ante Wall Street. Puede mostrar sus logros económicos ante los inversores más exigentes, mientras trastabilla en las escalinatas de un vuelo impropio. Puede ofrecer oportunidades de negocios, al mismo tiempo que el Presidente flagela a los empresarios “corruptos y prebendarios”. Es así, el combo viene con todos los ingredientes. Un menú bien argentino, como la semana que termina.


