El paro general se hace sentir fuerte en el transporte público de Rosario, pero las calles cuentan otra historia. Desde las primeras horas de hoy, la ciudad muestra una fisonomía particular: calles sin colectivos, pero con un tráfico de autos particulares que por momentos recuerda a una hora pico convencional.
A pesar de la falta de transporte público, el movimiento en las arterias principales como Pellegrini, Av. Alberdi o el microcentro es incesante. Muchos comercios optaron por abrir sus puertas, atendidos por sus propios dueños o con personal que logró rebuscárselas para llegar. Los taxis, aunque con menos unidades en la calle que un día normal, se convirtieron en el bien más preciado para quienes no tienen movilidad propia.
Salimos a recorrer y la sensación es clara: es una ciudad que funciona al 50%. El pulso comercial es dispar, pero el vacío que deja el transporte público marca el ritmo de una jornada de protesta que se siente en cada esquina.
El paro impactó además en el funcionamiento de bancos , en el plano educativo se suspendieron actividades por la adhesión de gremios docentes y universitarios. También se vieron afectadas dependencias municipales: los Centros Municipales de Distrito no atienden al público y la ciudad quedó sin recolección de residuos durante la jornada, por lo que se pidió no sacar basura para evitar desbordes.


