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Abril 05, 2020

Seguimos en la cuarentena, ya casi llegando a la cuaresma. Palabras similares y de contenido similares. Ambos son tiempos de penitencias, la pinten como la pinten.

En la última semana principalmente, he visto cola para todo: para el banco, para el supermercado, para la ferretería.

Incluso me ocurrió una circunstancia digna de contar brevemente. Estaba yendo a mi compra doméstica rutinaria y siento un tirón en mi aductor derecho. Me apoyo en el umbral de una puerta a realizarme masajes ya que el dolor era intenso. Una vez repuesto me preparo a seguir camino y veo que detrás mío se había formado una cola de ¡¡¡5 personas!!!. Allí me quedó, punteando la fila impertérrito y alelado simultáneamente. Pasa el tiempo y la cola se va incrementando, hasta que se me acerca una persona que se iba a incorporar a la fila y me consulta que es lo que se compra allí que hay tanta gente.

Le expliqué que me dolía la pierna, me detuve en esa puerta y al darme vuelta se produjo toda la hilera de gente, pero que allí no se vendía nada.

Me dijo que era un mentecato y se retiró insultándome… ¡allá él, yo ni loco me voy, es la primera vez desde que se inició la cuarentena en la que estoy primero en una fila!.

Vuelvo a casa y me pongo a hacer la tarea con mi pequeñuelo. Al amigo que inventó el PDF que no lo agarre, las docentes se aferran a él como gato entre la leña, es un bombardeo informático incesante. Comprendo, luego de mucho tiempo, el significado de sus iniciales… Profesora De Farra.

Me siento como el Mariscal Philippe Pétain en la batalla de Verdún ordenando la no retirada de mi hijo de la silla contigua a la mía y devolviendo el golpe por golpe bajo el grito de ¡No pasarán! a las avezadas pedagogas que con sus cantos de sirenas nos endulzan la casilla de correo con saludos, emociones y extrañamientos… y nos llenan las CPUs de imágenes del Rey Léon, Pinocho y la... (aquí iría un emoticón enojado, por si no se entendió)

Gracias a Dios o no sé a qué deidad atribuírselo se haempezado a flexibilizar la apertura de ciertas actividades. Un modesto aporte de éste humilde escriba es que puedan empezar a abrir las peluquerías o barberías, es que nos estamos convirtiendo todos lentamente en Sam, el perro pastor con un flequillo eterno sobre los ojos que se encargaba del Coyote cuando cuidaba su rebaño. Si seguimos así vamos a lograr controlar al Coronavirus pero vamos a tener un brote inusual de pediculosis.

La cuarentena sigue innovándose, regenerándose y sponsoreando más aún de la liberación femenina. He visto en la red social del pajarito azul el impulso de las Cuarentetas, todos en bolas.

No hay mucho para aportar, si para quitar...

Ahora si, una breve descripción de lo ocurrido con los jubilados. Son la población de riesgo por antonomasia o por definición, y los mandaron al matadero sin ningún tipo de contemplación. Solo faltó la canción de Los Pericos “Torito” y cartón lleno… ahí fallaron los organizadores. Si esto fuera el Juego de la Oca, hubiéramos retrocedido unos cuantos casilleros, pero como es la Perinola, no tengo dudas de que todos ponemos y uno solo se lleva todo.

He caído en la cuenta que entre tanto encierro y opresión, casi olvido el cumpleaños de mi vástago, grave error.

Sabiendo que las jugueterías están todas cerradas, no me queda más remedio que recurrir al lugar al cual no quise acudir durante todo éste tiempo, por masividad y aglomeración constante, los hipermercados, más precisamente a aquellos que tienen el servicio de juguetería.

Luego de hacer la cola de rigor, en forma de infinito u 8 acostado para los neófitos (se trababa un poco en el medio, debo confiarlo) logro ingresar con mi traje de astronauta lunar al tabernáculo de la alimentación y suplementos varios, entre ellos los chiches que tanto buscaba yo.

Luego de recorrer el local de cabo a rabo y de norte a sur, pasar por todos los sectores habilitados empezando por las conservas y terminando en los congelados (así fui entrenado por más que no lleve nada, lo que requiere frío se compra último, aprendan maridos) llego a la conclusión de que no hay juguete, trebejo u artefacto alguno para adquirir.

No me voy a ir con las manos vacías… media docena de huevos y un repasador bien pueden conformar a un niño de siete años…

“El esfuerzo y desarrollo de una buena organización conlleva, indefectiblemente, a un mejor resultado”. Esa máxima, de uno de los ídolos populares más relevantes del cono sur, ave canora, voz de los pueblos oprimidos e imagen y semejanza del hombre común es el inicio de la presente crónica. Si, hoy me baso en la sabia letra y prosapia de Condorito, para continuar con los episodios por todos conocidos.

Día 9 o 10 del encierro tan temido.

Todo se desarrolla en cámara lenta, como las imágenes de Matrix, cualquiera de las 3 (preferentemente elijo la primera, en las otras me perdí sinceramente…).

Por ejemplo, si hay que estudiar se hace todo procedimentalmente, a reglamento.

Desfile de biromes, elección del papel adecuado y así hasta el hartazgo.

Cuando me dirijo a hacer las compras en las tiendas de entorno próximo (tal cual lo solicitado por el Presidente), cumplo a rigor con el protocolo, a saber.

Si hay cola, extiendo mi metro de carpintero amarillo milimetrado plegable hasta confirmar la distancia reglamentaria. Hete allí el primer momento de incordio, ya que según algunos infectólogos la distancia prudente es de 1.50 metros y según otros es de 2 metros. Al estar segmentado en barras extensibles de 20 cm cada una, el 1.50 mt es de dudosa definición, por no ser múltiplo del mismo. Pasado ese momento de incertidumbre, lo dejo extendido en mi cintura, apoyado en mi pelvis para marcar la distancia a cumplir para con mi persona, procediendo a realizar giros constantes a los efectos de marcar la circunferencia que ningún otro ser humano debe invadir (algo así como la envergadura de alas para los que jugábamos con las cartas Tope y Quartet, que cagada cuando me tocaba el avión Pampa, perdía siempre).

Como método de no invasión de territorio es excelente. Debo mejorar el tema de los giros porque noto que a medida que la cola avanza yo voy perdiendo el norte por el atroz mareo y en vez de ingresar al supermercado termino ingresando en la forrajería de enfrente… de a poco la tarta de alpiste se está convirtiendo en un clásico de la mesa familiar.

Al vivir en un barrio, las charlas se van haciendo una constante para pasar el momento de las colas o filas. He notado que se está imponiendo en ésta temporada (así como los colores pastel en verano, el básico que nunca pasa de moda y demases) la charla a 45º. Es indudable que hemos estudiado la geometría Euclidiana y llegado a la conclusión que respetando ese cono de 45º ningún virus puede infectarnos. Algunos recomiendan concurrir a lugares atestados con collares isabelinos que respetan a rajatabla esa inclinación, es cuestión de gustos.

Ya en casa me he dado una panzada de Mundiales, desde el 78 a la fecha.

¡Que lindo ver jugadores como Garcé, Maxi Meza, la Tota Fabbri!. Un consejo, de dar tantas veces el partido con los ingleses del 86 va a haber una vez que la pelota no entre, o nos cobren el que hizo con la mano y ahí te quiero ver.

Algo me causa curiosidad y mucho.

Todas las noches, a las 9 más precisamente se hace el aplaudazo o algo parecido, por un momento me siento como en la costa esperando que aparezca el padre del niño extraviado y esperanzado a su vez, hasta que entro en mis cabales y digo “no, es en vano, los chinos de Wuhan no van a venir a buscar a su pequeño invento perdido…”.

Hasta aquí lo pintoresco, lo que nos hace sonreír, de ahora en adelante, un petit homenaje

Como verán, nunca mencioné en todo lo que va del comentario a ella, la vedette desde que nos dijeron “quédate en tu casa”. No es necesario, todos sabemos de quien estamos hablando, de la palabra que empieza con C, tiene 10 letras y es la más buscada del google.

En éste breve tiempo hemos aprendido a conocernos, a querernos.

Reconocemos y respetamos nuestros tiempos.

Con su mágica y dictatorial aparición se empieza a acumular grasas, por déficit de vitamina D y de calcio (falta de Dios febo).

Es sexy, es seductora, impulsa al irrefrenable deseo de decir “nunca más quiero salir de casa, si me daba cuenta antes no tenían por que imponerla, la adquiría espontáneamente yo”.

Simultáneamente te manda, te impone cosas, crea reglamentos a cumplir a rajatabla.

Estoy hablando de la cuarentona, de quien otra?

A veces, una letra, no hace la diferencia.

 

Si el uso de Internet en demasía fuera calificado como “abuso de medios informáticos”, desde el inicio de la cuarentena todos los argentinos estaríamos a disposición de la justicia. Por suerte, solamente lo están los transgresores, gente de escasos recursos intelectuales y argumentos como el dueño de Vicentín, gente que se fue a la Costa y otros ciudadanos impedidos de ejercer su derecho pleno de ca…. la vida a los demás (como siempre lo han hecho).

Ahora bien, ya en el baile, bailemos. El día a día trae diásporas de reorganización, pequeñas grageas me atrevería a decir. Como el integrante más viejo de mi grupo familiar, he sido seleccionado para sacrificarme y hacer todos los quehaceres exógenos a mi hogar. Intuyo que los otros integrantes del grupo familiar han estudiado el comportamiento de los roedores (no afectados por el COVID 19) y han decidido enviarme al frente a probar los desafíos de la exigua vida urbana que hay por éstos días en el país: “ Si vuelve, está todo bien... sino, mandamos al que sigue”, fue su inmodificable lógica.

Advierto que salgo todas las tardes a esperar al churrero a que suene su trompetita para increparlo ya que no me deja dormir la siesta, pero eso no ocurre…

Espero al perro del vecino para reprenderlo cuando me quiere orinar la puerta… y tampoco acontece…

Leo mensajes de las redes sociales que dicen “se oyen cantos de pájaros diferentes a los de siempre”, “han bajado los ciervos de las praderas ante la falta de gente” o “las aguas de los océanos están más claras”.

Confieso que busco animado todos los días noticias como “la primer foto del tigre Dientes de Sable” o “entrevista exclusiva al pájaro Dodo: soy fan de Dido”. Incluso más doméstico, sueño con un Dorado y una Boga izando la bandera por la zona del Monumento, sector de la ribera rosarina que solían frecuentar. Nada de ello ocurre, aún.

Cuando concurro al supermercado comienza la verdadera odisea. Sigo a pies puntillas las recomendaciones de los miles de flyers que me han llegado al cel. que rezan que solo con un barbijo y guantes es suficiente para concurrir allí… paso una vergüenza indescriptible ya que, además de eso, la gente también va vestida…

Vuelto a casa, conmino a los menores a que lean, que agarren un libro y deleiten sus pupilas a medida que las aventuras narradas van ejercitando la poética emocional y generando endorfinas de autosatisfacción que llevan al inconmensurable sentir de la autorrealización… me miran raro y siguen jugando a la Play.

Aquí quiero hacer un aporte al Gobierno. Suspendasé, por el lapso que dure la cuarentena, las películas apocalípticas como “Virus”, “Contagio”, etc. Es como ir viajando en avión y que le den “Aeropuerto 76” o en un crucero y que proyecten “Náufrago”. No da…

Hete allí uno de los puntos más difíciles de resolver, la educación de los pequeños. Iniciaron la cuarentena una semana antes que el resto (y esto no fue culpa de los docentes, aclaro, por las dudas…). Al principio todos veíamos con buenos ojos el portal virtual que habían creado para subir tareas o consignas. Con el paso de los días las cabezas de los progenitores (y de algunos educandos, supongo) van mutando hacia pensamientos un poco más anarquistas. Está claro que el encierro produce y va a producir éste tipo de oscilaciones, es como si fuera un duelo, donde hemos perdido momentáneamente el dominio del espacio público y, sobre todo, de nosotros mismos. Las fases del duelo son:

1) Negación, 2) Ira, 3) Negociación, 4) Depresión y 5) Aceptación.

  1. No vamos a hacer esa tarea;
  2. Que la haga la maestra, para eso sigue cobrando éstos días sin clases;
  3. Bueno, la hacemos, pero cuando volvamos a clases pediremos descuento en la cuota;
  4. ¡¡No puedo creerlo!!, yo ya hice la Escuela, no puedo parar de llorar;
  5. Al fin y al cabo, estoy al pedo, que otra cosa puedo hacer.

Siguiendo con la tónica ni quiero imaginar lo que hubieran dado nuestros padres y abuelos para tener algo medianamente similar y pasar sus años de encierro.

La tecnología da posibilidades, pero también responsabilidades, quien no lo haya entendido que se desprenda de su I Phone (que avise dónde y cuándo lo hará, si es tan amable…).

Churchill le pidió a su pueblo “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. A nosotros no nos piden ser épicos, sólo útiles sin hacer nada (cualquier semejanza con la política es pura coincidencia). No la arruinemos (iba a poner caguemos, pero no quedaba bien…).

Y empezaron las clases nomás. Para aquellos que tienen niños en edad de preescolar o jardín, comenzó con el famoso período de adaptación. Confieso que el fixture o cronograma con los horarios de esa etapa de inicio de clases fue bastante complejo, algo así como los promedios del descenso del fútbol argentino (el que divide por dos, el que divide por tres, el que recién asciende) transpolado a los pequeños púberes. He estado tentado de utilizar algún algoritmo creado por Einstein o tal vez aplicar la teoría del todo del físico inglés Stephen Hawking para poder comprenderlo, más sucumbí a seguirlo a pies puntillas de acuerdo a los diversos whatsapp que circulaban por los grupos de las progenitoras/es, teniendo en cuenta varios ítems, a saber: acto de bienvenida, ingreso, egreso, vianda (saludable, vegana, carnívora, agridulce), posibles paros, coronavirus, pre hora, post hora, etc.

Indudablemente esos grupos o herramientas colectivas informáticas poseen datos invalorables y, sobre todo, instantáneos sobre los cambios ocurridos minuto a minuto en lo referente a les chiques. Cuan lejos han quedado los viejos cuadernos de comunicaciones forrados en papel araña, donde las viejas maestras nos hacían escribir que faltaba el pago de la cuota “voluntaria” de la cooperadora, alguna reunión extraordinaria de padres o que se avecinaba una kermesse.

Luego de dos semanas de estricto y militar cumplimiento me siento como Neil Armstrong cuando puso su pie en la Luna “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la escolaridad” sería el refrán.

Ahora bien, una gran duda acucia mi atormentado y, a ésta altura, vetusto leal saber y entender… ¿cómo reemplazarán los viejos refranes para aprender letras, en éste caso la S, de “El Oso que sala la sopa”?. A ver, los simpáticos mamíferos superiores plantígrados no son de la zona (nunca lo fueron) y los circos ya no los pueden traer con sus pequeños “tutús rosas” arriba de una bicicleta, la sal está prohibida desde hace unos cuantos años en la provincia y la sopa no tienen muy buena prensa desde la aparición del último virus tan en boga. Imagino, en su reemplazo algo así como “René tiene caries molares, debe atenderse”. Un compendio de artes visuales (puede ser una rana famosa), ausencia de género (es un nombre universal) y educación sanitaria básica. Vaya mi pequeño grano de arena en pos del conocimiento (mi aporte tendrá que ser en un día no ventoso, no sea cosa que el granito de sílice pase de convertirse de una ayuda en una molestia en el ojo).

Una vez resuelto el tema del Kinder pasemos al Tinder.

Intuyo que, por los motivos por todos conocidos, de tener que llevarse adelante un aislamiento cuasi masivo, Tinder será una aplicación con muchos usuarios.

Tratando de brindarle más posibilidades de encuentro a sus inscriptos o acólitos ya empezó a ramificarse y ha creado un desprendimiento llamado “Dinky One: Small penis dating site”. Si, es lo que piensan. Catorce centímetros hacen que pertenezcas a uno u otro sitio de citas, lo hubieran planteado en milímetros y pasaba sin pena ni gloria. Contra todos mis preconceptos, ya tiene más de 30000 seguidores… con total sinceridad, yo la habría llamado “Pinder”…

Mi mente no para de dar y dar vueltas… ah, perdón es que imbuido en mis pensamiento me metí en una rotonda con el auto… salgo y sigo.

No quiero salirme de uno de los ejes temáticos de éstos días (el eje sin dudas) y quería comentar que la forma aconsejada de saludarse es chocando los codos, a los efectos de evitar el contagio masivo. Hete aquí un problema, supongamos que uno de los supuestos saludadores sufre de epicondilitis lateral, conocido como codo de tenista, cómo seguiría la situación… ¿el hecho de no responder el saludo sería asumido como un rechazo, o peor aún, una discriminación?, ¿los esquimales que se frotan nariz con nariz están directamente condenados a la desaparición (y más considerando el frío extremo con el que conviven)?, ¿se pueden enviar besos con emojis o habrá también que tomar precauciones por la innumerable cantidad de virus informáticos que siguen circulando?.

Hasta aquí con el humor. Terminado el tiempo de las chanzas y chascarrillos, luego de casi dos años de escribir estas breves líneas alternadamente, voy a salir del personaje para dejar una reflexión.

Todos sabemos lo que tenemos que hacer y cuando lo tenemos que hacer. Sabemos que informaciones son confiables y cuales no. No necesitamos de la épica (como los italianos en los balcones) sino de responsabilidad social y civil. Cuidemos y aconsejemos a los mayores. Depende de nosotros, de nadie más.

Hoy más que nunca hay una frase de Atahualpa que resume todo “No es necesario matar a los abuelos para que vivan los nietos”, a ponerla en práctica.

Por último, los chinos están en plena etapa de recuperación, cuarentena mediante… y eso que solo tienen acceso a las páginas habilitadas por el gobierno comunista.

“El que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen” reza el viejo adagio.

Es entonces que, sumado a que no hubo despido alguno ya que no hay estipendio que lo demuestre y/o regule, retorna al ancestral arte de las letras éste humilde y servil escriba luego de unas merecidísimas vacaciones en la tierra bravía y yerma que llora el alma aletargada de aquél viejo gigante dormido quien observa petreamente el discurrir del tiempo con su rostro cosido de cicatrices milenarias  y las criaturas que lo defienden cual templarios irreductibles… o léase Capilla del Monte, Uritorco, burros y ovejas.

Una vez retornado del emporio del “yuyito pal amor” y el cuarzo comienza la carrera contrarreloj para cumplir con las obligaciones escolares de los más pequeños ya que las clases acechan a la vuelta de la esquina y es el deber de los padres para con sus hijos (los educandos) proveerlos de todos los elementos de estudio para que nada les falte en la canopla y el pupitre de turno.

Consulto la lista de materiales enviada al whatsapp de los padres y comienza el raid contra el tiempo y la economía familiar. Hete aquí la primer apostilla, si así se quiere. Antes, en épocas de duelos, guapos y sables, te daban la lista de elementos personalmente, de manera de que uno podía poner cara de cachorro que hizo alguna macana y la docente te terminaba diciendo “Bueno, no importa, fijate lo que puedas, el resto lo ponemos nosotros…”. Esa empatía ha sido coercionada por las herramientas informáticas de la actualidad. Yo indiqué a mi señora que ponga inmediatamente el emoji de la cara roja enojada en el grupo pero no hubo resultado alguno… es entonces que tuve que poner manos a la obra y hacer la “noche de los museos” en versión “el mes de las librerías”.

Cuatro cuadernos, cuatro. Anillados, tapa dura, ABC o similar, 3 rayados (naranja, amarillo y rojo) y uno cuadriculado (de color azul), 60 hojas. Juro por lo que más quiero que no tuve que copiarlo, lo tengo retenido en mi mente de tantas librerías que visité a tales efectos. He llegado a soñar que un cuaderno naranja peludo, con ojos grandes tipo Muppets y brazos colgantes me persigue por las noches al grito de “¡¡¡Falto yo!!!”. Me despierto jadeante (por ser Febrero, tampoco es para tanto…), recurro a la heladera y veo que solo hay medio limón sin exprimir (sólo para entendidos) y vuelvo no solo jadeante sino también angustiado.

Y más angustia me da aún que mi hijo es daltónico, o sea que cualquier color y gris es lo mismo para él…

Luego de diez días sigue faltando el cuaderno naranja y se avecina la reunión de padres.

“Ya estamos jugados” digo para mis adentros. “No importa, que lo dejen sin educación, que los desescolaricen, hice todo lo que pude…” sigo dándome manija.

Muchas docentes al frente, se presentan una por una.

De a poco van comentando que no importa, que no es necesario comprar todo ya, que algunas cosas se pueden reemplazar, que los cuadernos se pueden forrar a la vieja usanza con papel araña (“¡Buenísimo!”,pensé “con lo que le encanta a mi hijo ese superhéroe, lástima que nunca lo vi de naranja, tal vez en los Países Bajos…”). Volví a mirar la entrada y si, efectivamente, se trataba del Salón de Actos de la Escuela y no estaba proyectando el inicio de “Heidi” o “La Familia Ingalls”, sino que brindaban algo que está en escasez para éstas épocas: contención y comprensión.

De repente un padre levanta tímidamente la mano y realiza una pregunta que encierra en el final la mala palabra de 4 LETRAS QUE EMPIEZA CON P.

A las maestras y maestros, o maestres si así lo queremos, de a poco se les iba transformando la cara y de esas haditas alegres y bonachonas que habitan en los cuentos (Fauna, Flora y Primavera) comenzaban a emergen temibles guerreros samurais, donde la regla era la espada o katana, las tizas las famosas estrellas ninjas y hasta creí llegar a advertir un nunchaku hecho con la cuerda de salto del profesor de gimnasia y pastafrola de la cantina en las puntas como objeto meloso y contundente (era de membrillo, para darle un toque más sanguíneo).

Gritos, desesperación, caos, descontrol.

Dolor detrás de los ojos, náuseas, mareos, vómitos también (perdón, estaba recordando una propaganada ochentosa de la fiebre hemorrágica argentina).

Salimos todos los padres a los tumbos por la puerta y como podemos huimos cada uno para un lado diferente sin siquiera obstruir un segundo salida alguna (como si hacemos cada vez que buscamos a los chicos a la salida de la escuela).

Una vez repuesto, ya alejado del peligro y a distancia prudente planteo, en ese mismo chat “¿¿¿A quién se le ocurre preguntar si se van a plegar o no al PARO???”

 

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