Noviembre 14, 2018

El técnico planteó que recién en diciembre se definirá si sigue en el club del Parque.

Esto dijo el DT en rueda de prensa.

Continuamos con los relatos de los domingo, en esta oportunidad el fútbol y el primer de cancha.


El fútbol. El más innoble y popular de los deportes. Todos sabemos o suponemos que hay innumerable cantidades de arreglos, sin embargo seguimos dando todo por ver al equipo de nuestros amores.

Podemos cambiar de esposa o pareja. Podemos cambiar de inclinación política. También de religión. Está todo aceptado. Ahora si se cambia de equipo de fútbol es el acabose, la anarquía, se queda marcado por siempre con los que lo conocieron con el color original, siempre se lo echarán en cara, siempre. “¡Que querés con éste si era de Flandria y ahora se hizo de Yupanqui, vendido!” sería parte de la denostación en el fragor de una discusión.

Sin embargo, se sigue yendo contra viento y marea a ver al equipo de nuestros amores.

Mi primera experiencia no fue muy positiva.

Andando en colectivo a la cancha todo se inició con un “¡Vamos, atrás hay lugar!” dijo el chofer, ¿Cómo puede ser que el colectivero sepa que soy hincha de un equipo que siempre pelea el descenso? Me interpelé para mis adentros indignadamente…

Llegado al estadio se me vino a la mente una imagen del “Planeta de los Simios” (la versión original, con Charlton Heston), cuando los humanos eran cazados con redes y palos por los simios sobre caballos, corriendo en medio de un campo traviesa con direcciones aleatorias.

El campo eran los alrededores del estadio, los simios estaban arriba y debajo de los caballos y yo era “Chato Gesto” porque no paraba de poner caras y hacer gestos ante la increíble cantidad de corridas, palazos e improperios que escuché y vi.

¡No sé si el hombre desciende del mono o el mono del hombre, lo que allí importaba era que mi equipo estaba por descender y me volvía mono!.

Si Charles Darwin hubiera estado desarrollando su teoría de la evolución presenciando semejante espectáculo dantesco seguramente habría renunciado ipso facto.

Superado el trance del ingreso, me dispongo plácidamente a observar el partido ubicado en mi asiento numerado.

Se encuentra ocupado, por algo así como un Sasquatch (hubiera sido un Yeti, pero como el estadio estaba en América me incliné más por el primero). Tomé coraje y le dije “Ese es mi asiento…”. Sin dudas esos animales son sordos, como no se sabía ni sabe demasiado de ellos supuse que lo mejor sería dejarlo donde estaba (parecía tranquilo) y buscar un asiento cómodo en otro sector del estadio, seguramente entenderían mi situación y se solidarizarían sin más conmigo.

No solo no lo encontré sino que observé el ¿espectáculo? parado todo el partido.

Cuando salieron 3 personas vestidas íntegramente de negro comencé a dudar. “¿Estaré en la cancha o es una especie de velatorio masivo y éstos son los de la funeraria?, ¿Tan cruel será descender?” me interpelé…

Una vez que comenzó el partido veía que la gente no alentaba demasiado, era prácticamente el único que gritaba, arengando al resto de mis circunstanciales compañeros de cancha. Eso no era lo que se veía en la tele.

Cuando mi equipo hizo el primer gol me volví loco, salté, me abracé, festejé, pero no veía que nadie me devuelva los festejos, era más bien como que me sentían compasión.

No importa, el club de mis amores estaba jugando como nunca y hacía gol tras gol,¡¡¡ya nada podía impedir que sigamos en primera, que alegría!!!

¡¡5 a 0 ganamos!!, sin embargo nadie festejó y una vez calmado y exhausto, observé que en la cancha había más gente que al principio, algo me llamó la atención.

Entonces tuve que recurrir al último recurso del hombre como tal, rebajarme, apretar los labios y hacer lo que nunca hubiera querido: preguntar.

Resulta que se trataba de algo así como “inferiores”, es decir eran los dos mismos equipos pero juegan con los que no son los titulares, es algo así como una previa, la picada antes del asado, la ensalada antes de la comida principal.

Gasté todas mis energías en un partido que no definía nada (con razón los únicos que me abrazaron era una familia que le decía “bien hijo” ante cada jugada de un muchacho en particular) y ya estaba sin fuerzas.

Caí, me desvanecí, no pude sostenerme en pié.

Cuando despierto me encuentro sólo en el estadio.

Me incorporó, busco algún indicio, alguna señal de si ganamos o perdimos, si seguimos en primera o nos fuimos a la B.

A los intelectuales el fútbol nunca nos importó demasiado. Es venal, predomina la sinrazón, no le cambia la vida a nadie, en resumen es fútil.

Menos mal, con ese pretexto seguir en la B a mi club va a ser menos doloroso... me cacho en diez.

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