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Marzo 30, 2020

Relatos de pandemia: campeando la cuarentena

Marzo 24, 2020 0

Si el uso de Internet en demasía fuera calificado como “abuso de medios informáticos”, desde el inicio de la cuarentena todos los argentinos estaríamos a disposición de la justicia. Por suerte, solamente lo están los transgresores, gente de escasos recursos intelectuales y argumentos como el dueño de Vicentín, gente que se fue a la Costa y otros ciudadanos impedidos de ejercer su derecho pleno de ca…. la vida a los demás (como siempre lo han hecho).

Ahora bien, ya en el baile, bailemos. El día a día trae diásporas de reorganización, pequeñas grageas me atrevería a decir. Como el integrante más viejo de mi grupo familiar, he sido seleccionado para sacrificarme y hacer todos los quehaceres exógenos a mi hogar. Intuyo que los otros integrantes del grupo familiar han estudiado el comportamiento de los roedores (no afectados por el COVID 19) y han decidido enviarme al frente a probar los desafíos de la exigua vida urbana que hay por éstos días en el país: “ Si vuelve, está todo bien... sino, mandamos al que sigue”, fue su inmodificable lógica.

Advierto que salgo todas las tardes a esperar al churrero a que suene su trompetita para increparlo ya que no me deja dormir la siesta, pero eso no ocurre…

Espero al perro del vecino para reprenderlo cuando me quiere orinar la puerta… y tampoco acontece…

Leo mensajes de las redes sociales que dicen “se oyen cantos de pájaros diferentes a los de siempre”, “han bajado los ciervos de las praderas ante la falta de gente” o “las aguas de los océanos están más claras”.

Confieso que busco animado todos los días noticias como “la primer foto del tigre Dientes de Sable” o “entrevista exclusiva al pájaro Dodo: soy fan de Dido”. Incluso más doméstico, sueño con un Dorado y una Boga izando la bandera por la zona del Monumento, sector de la ribera rosarina que solían frecuentar. Nada de ello ocurre, aún.

Cuando concurro al supermercado comienza la verdadera odisea. Sigo a pies puntillas las recomendaciones de los miles de flyers que me han llegado al cel. que rezan que solo con un barbijo y guantes es suficiente para concurrir allí… paso una vergüenza indescriptible ya que, además de eso, la gente también va vestida…

Vuelto a casa, conmino a los menores a que lean, que agarren un libro y deleiten sus pupilas a medida que las aventuras narradas van ejercitando la poética emocional y generando endorfinas de autosatisfacción que llevan al inconmensurable sentir de la autorrealización… me miran raro y siguen jugando a la Play.

Aquí quiero hacer un aporte al Gobierno. Suspendasé, por el lapso que dure la cuarentena, las películas apocalípticas como “Virus”, “Contagio”, etc. Es como ir viajando en avión y que le den “Aeropuerto 76” o en un crucero y que proyecten “Náufrago”. No da…

Hete allí uno de los puntos más difíciles de resolver, la educación de los pequeños. Iniciaron la cuarentena una semana antes que el resto (y esto no fue culpa de los docentes, aclaro, por las dudas…). Al principio todos veíamos con buenos ojos el portal virtual que habían creado para subir tareas o consignas. Con el paso de los días las cabezas de los progenitores (y de algunos educandos, supongo) van mutando hacia pensamientos un poco más anarquistas. Está claro que el encierro produce y va a producir éste tipo de oscilaciones, es como si fuera un duelo, donde hemos perdido momentáneamente el dominio del espacio público y, sobre todo, de nosotros mismos. Las fases del duelo son:

1) Negación, 2) Ira, 3) Negociación, 4) Depresión y 5) Aceptación.

  1. No vamos a hacer esa tarea;
  2. Que la haga la maestra, para eso sigue cobrando éstos días sin clases;
  3. Bueno, la hacemos, pero cuando volvamos a clases pediremos descuento en la cuota;
  4. ¡¡No puedo creerlo!!, yo ya hice la Escuela, no puedo parar de llorar;
  5. Al fin y al cabo, estoy al pedo, que otra cosa puedo hacer.

Siguiendo con la tónica ni quiero imaginar lo que hubieran dado nuestros padres y abuelos para tener algo medianamente similar y pasar sus años de encierro.

La tecnología da posibilidades, pero también responsabilidades, quien no lo haya entendido que se desprenda de su I Phone (que avise dónde y cuándo lo hará, si es tan amable…).

Churchill le pidió a su pueblo “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. A nosotros no nos piden ser épicos, sólo útiles sin hacer nada (cualquier semejanza con la política es pura coincidencia). No la arruinemos (iba a poner caguemos, pero no quedaba bien…).

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