Relatos de Domingos: nota a medias

Hoy cumplimos exactamente medio año de confinamiento. Esta claro que la palabra confinamiento se desprende etimológicamente de la palabra “confite” o “confitura”, ya que en el transcurso de ese período de tiempo hemos ingerido mucho de ese néctar celestial gastronómico.

Por otra parte esa palabra “medio” o “media” me lleva a un tema que he querido desarrollar desde muy temprana edad, desde que era un querubín prácticamente, cuando estaba en el capullo de la vida (en mi caso más que capullo sería una pupa, ya que mi pupo da fe de esa situación).

Desde apenas asomados a la vida, el ritual inicial es colocarnos unos diminutos escarpines celestes o rosas de acuerdo al sexo (o presumible sexo o género, y no es casualidad que haya escarpines también de género…) para que no tengamos frío supongo yo, o para yerrar o marcar el ganado podría también suponer un baqueano.

Con el paso del tiempo, se comienza a usar zoquetes, lo cual es muy útil para el niño en edad escolar, ya que puede interpretar sin ningún tipo de dudas a que se refieren cuando así lo llaman (al grito de “hacé algo, zoquete”) en el medio de un partido de fútbol.

Aquí un pequeño paréntesis, en los partidos en los recreos de la primaria, el balón eran unos cuantos zoquetes apiñados en forma circular, con un diámetro inferior al de un balón de fútbol de salón. Como diría Pancho Ibáñez, todo tiene que ver con todo.

Ya en edad madura, las medias, lisas y llanas, comienzan a acompañarnos a todos lados.

Es en esos tiempos el gran desvelo de las madres (conjuntamente con el de “lleváte un echarpe”) el correcto uso y perfecto estado de conservación de las mismas.

¿Quién no ha discutido con su madre por el pedido de que se lleve medias y ropa interior en correcto estado?. ¡Mirá si tenés un accidente! Es su fútil argumento. “Si tengo un accidente, salvo que mi choque sea con Fred Perry o Calvin Klein, dudo que a alguien le interese el estado de mi ropa interior!, la demoledora y concluyente respuesta.

Sobre éste punto… tras un choque, la pregunta de rigor es “¿Querés que te traiga un vaso de agua?”. La respuesta debería ser “Gracias, no estoy deshidratado amigo, mejor traéme un airbag que funcione…”.

Pues bien, éste interminable cambio de nombre de las medias, zoquetes, calcetines, escarpines hace que los mencionados atuendos vayan adquiriendo algo así como autonomía, o vida propia para decirlo con todas las letras.

No es casualidad, más bien causalidad, que ellos siempre anden de a dos, espalda contra espalda (con la forma del yin y el yang) entre los cajones, hecho como un paquetito.

E intuyo que es por eso, y ya estamos llegando al meollo de la cuestión, que al momento de ser puestos en el lavarropa (más precisamente en la función centrifugado) sienten el desprendimiento cual hermanos gemelos al nacer. Es entonces que, sin medias tintas, se corporizan en entes movidos solamente en el deseo de encontrar a su compañero de vida, porque saben que el uno sin el otro no tienen razón de ser… o de calzar en estos casos. Y, si no encuentran a su compañero de vida, su media naranja (o el color que fuere) terminan como trapo para limpiar ventanas, como títeres de segunda selección o peor aún como mordillo de la mascota de la casa, eso es vox populi entre esta prenda de vestir, se comenta de boca en boca y hasta ha sido publicado en algunos medios de comunicación (Mediavilla es su fiel exponente).

Perdidos por perdidos, se lanzan a la aventura con un artilugio digno de “Alcatraz”. Se hacen lo más fina posibles contra las ranuras del tambor del lavarropas, de manera que la mano trémula del que recoge la ropa seca para colgarla no la escoja. Saben que el ser humano es proclive a la ley del menor esfuerzo y abre la tapa del lavarropas pero no la cierra… y es ese su momento para huir como “Truman” de esa realidad que ellos conocen. En lavarropas con carga superior eso representa la muerte y paso a la inmortalidad por deshidratación, pero en los de carga frontal no, es la llama de esperanza que abraza la vida de éstos trozos de géneros, tal vez pequeños en tamaño, pero gigantes en heroísmo y estoicismo.

Una vez fuera del electrodoméstico comienza la aventuradel escape o la espera del compañero de vida, lo que suceda primero.

Algunos pocos lo saben, hay una cultura milenaria escondida en algún lugar de Asia que los llama y convoca con sonidos guturales buscando crear un ejército mullido y chuavechito chuavechito.

Los Medas volverán pronto. To be continued…

  

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