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Mayo 21, 2019

Peter Parker. Así comienza la pequeña, mínima, casi nimia diría, historia del día de hoy, basada estrictamente en hechos reales.

Sábado por la tarde, tardecita para más datos. El rumor de una trémula melodía que parece ser Enya se oye a la distancia, recostado en mi sillón reclinable masajeador, un habano Cohiba juega en mis dedos cambiándolo constantemente de posición cual famoso prestidigitador, la mirada perdida en la lontananza con el saber del trabajo realizado, temperatura primaveral ideal. Si, efectivamente, se podría decir que es la imagen del llamado reposo del guerrero, el único momento semanal de encuentro con mi mismo. De repente…“¿compraste los huevos para los chicos?, mirá que mañana es Pascuas…”. Es en, y desde, esos momentos que ingresó en mi diccionario una palabra que define la idea de dejar todo para mañana: procrastinación.

¡La realidad apabulla!, el rumor trémulo resulto ser la pérdida constante de la mochila del inodoro, el sillón reclinable masajeador es la silla del comedor que tiene el respaldo vencido y se mueve de acuerdo a la posición de la espalda, el habano es en realidad una BIC azul que anda cuando se le da la gana y la mirada perdida estaba en realidad enfocada al techo y viendo la mancha de humedad que hace añares he dejado que viva con nosotros, como una más de la familia. ¡¡¡Los huevos de pascua, cómo me olvidé de ese detalle!!!.

Sin siquiera responder a la pregunta inquisidora que me topó con la realidad en menos de un segundo, salgo raudo a buscar el dulce en forma preferentemente ovoide.

Mi primer destino fue el súper chino del barrio. Al ver los precios comprobé lo que siempre supuse, los orientales saben algo que los occidentales no, algo así como el latente advenimiento de la Tercera Guerra Mundial o similar, ya que sus precios son siempre de época de escasez… Como no había llevado conmigo la escritura de casa, ya que salí de apuro, no pude comprar nada allí.

Mientras me dirijo hacia el próximo destino recorre mi mente que tipo de figura comestible puede ser la elegida: huevo, conejo, gallinita.

Una vez detectadas estas tres formas las incorporo a mi mente y las pongo como objetivo (target) cual Terminator 1, ya que por mis ojos solo circulaban esas tres palabras: huevo, conejo, gallinita. Nada de distracciones entre el cazador y su presa.

Penetro cual filosa daga en algo así como un “Monstruo mercado” (¡gracias Simpsons!) y todo lo que buscaba eran huevos. Es por ellos que me dirijo directamente y sin interrupciones a la sección dulces, he allí mi presa.

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Nada, estaban todos agotados… es pues entonces que debo recurrir indefectiblemente a lo que el hombre por su ex condición de macho dominante nunca quiere hacer… preguntar. Y la pregunta debe llevar aleatoriamente al objetivo sin denotar la intención de buscar el producto puntual, debe sugerir que se busca un huevo, nunca ir al centro del huevo (en éste caso la yema).

Encuentro a una señorita que reponía productos, engolo la garganta mediante un carraspeo, elucubro bien la pregunta y procedo a interrogar.

“Disculpe señorita, ¿sería usted tan amable de indicarme donde puedo hallar un producto comestible hecho a base de cacao con forma de huevo o zigota, preferentemente que además del delicioso néctar conste en su interior de una sorpresa que posteriormente y una vez abierto la misma se transforme, con intervención de un mayor, en un juguete?”

Pregunta directa a la médula, sin dudas.

La señorita me mira incrédula, con cara de no entender nada y me dice, suavemente “no te entendí nada loco, pero si lo que vos buscas son huevos Kinder, no hay más, se vendieron todos”.

“¿Y gallinitas, y conejos?” fue mi repregunta, ya sin ningún tipo de miramientos.

“Fijate en la carnicería” su hiriente y, estimo, sarcástica respuesta, ya que al concurrir a ese sector no me topé con chocolate alguno.

Abatido, habiendo gastado todas mis cartas, debería volver a casa sin ninguno de los alimentos que me habían encargado comprar con varias semanas de antelación.

Al salir del súper escucho un “psss, señor” que se dirigía a mi. Miro en sentido a donde provenía el llamado y veo a un muchacho apoyado en el baúl de un auto Dacia que había perdido por goleada la batalla contra la cataforesis.

“¿Usted está buscando un huevo, cierto?, venga, acérquese al auto y elija el que quiera?”.

Al verme dudando me dio la estocada final “a estas horas no va a encontrar en ningún lado, es esto o el sollozo ininterrumpido de sus hijos y el reproche de su familia…usted elige”.

Día domingo, mesa familiar. Estaba todo listo para el postre. La falta de luz del baúl del Dacia me jugó una mala pasada. Una sola letra hizo la diferencia. Huevo “Finder”. Pese a que en inglés significa “buscador” no lo busque por favor, yo lo encontré. Menos sabor y sorpresa tenía de todo…

País soberano, miembro de la Unión Europea, situado en el noroeste europeo, oficialmente reino de Bélgica.

Apetito, hambre, gula, voracidad. La palabra que deseen, pero una sola finalidad: me crujía el estómago.

El momento económico en que transcurren éstos tiempos hizo que, como tantos otros, vuelva a tomar los medios de transportes públicos, más precisamente el colectivo.

Me apropincuo cómodamente dentro del mismo, sentándome en sentido contrario al conductor (en una de ésas, al estar en esa posición contraria al resto del pasaje en vez de envejecer rejuvenecía, pero lamento decir que no ocurrió), poso mi vista en la lontananza y escucho dos palabras que me cambiaron la vida… “¡Me bloqueó!”.

Por un momento creí estar en el ómnibus de algún equipo de basquetbol, ya que esa palabra es utilizada en jugadas tácticas del mencionado deporte anaranjado, hasta esperé ver a Ginóbili pero nada de eso ocurrió. Lo más parecido era que el chofer tenía un cartel  que indicaba que se llamaba Gino y creí escuchar que tenía problemas de bilis.

Vuelvo a concentrarme y veo a dos jóvenes que parecían humanos, pero por la velocidad de sus dedos y los movimientos que hacían con dichas falanges supongo eran de Júpiter, y calculo que mínimo tenían 8 por mano.

Prestando atención noté que todo el alboroto respondía a su destellante celular, indómito con infinidad de ruidos cual alarma comunal descompuesta.

Un contacto, al parecer muy importante, había osado impedir la recepción de mensajes de mi ocasional compañero de viaje. La afrenta, por lo que estaba comprendiendo in situ, era similar al asesinato del archiduque Francisco Fernando de Sarajevo que desató la Primera Guerra Mundial… sólo que en éste caso desencadenó un increíble arsenal de opciones de retorno de la humillación, todas virtuales, ninguna presencial.

Si los viejos retadores a duelo hubieran sabido de éstas herramientas de resolución de conflictos, cuántas pérdidas se habrían evitado (Hipólito Yrygoyen y Lisandro de la Torre abstenerse).

Su compañero en seguida le dio una respuesta al momento trémulo y aciago del “bloqueo virtual”… “Escrachalo en Twitter, y yo te retwitteo”.

“¡A la pucha!” dije para mis adentros… “no es necesario semejante palabrota, se supone que sos su amigo pibe…” continuó mi pensamiento silencioso. Sin dudas era clarísimo lo que querían hacer, inspirados en una película icono de los 90 “Twister” querían desatar el caos climatológico en ese lugar y momentos, por suerte yo estaba allí para enterarme en tiempo y forma y ponerme a resguardo. Se ve que los pibes eran discípulos de Saruman o algo así…

Crítica de la película “Twister”Imagen del final de la película Twister 1996

Cuando ya estaba listo para el cataclismo y me había puesto mis botas de lluvia, mi capa amarillo patito y alistado el paraguas de Mickey de mi hijo que siempre llevo conmigo en mi atache (nunca salgo sin él para aparentar, a veces llevo ropa de ocasión como en éste caso y otras mortadela y pan del día un frugal almuerzo), alcanzo a ver una sonrisa mefistofélica de superación en el ofendido y sus palabras de satisfacción “Ya está, ya lo escraché, retwittealo vos y vamos a ver que dice el forro éste”.

“¿Qué pasó?” dije yo entre labios. “¿Y la lluvia, y el tornado, y las vacas volando sin sentido? (siempre vacas, nunca un hámster, pelicano o algún otro animal más a mano…)”.

Juntando fuerzas de donde no tenía me atrevo a preguntarles, casi inaudiblemente… “Disculpen chicos, ¿qué es lo que pasó que no vino el huracán o Twister…?”… Su reacción fue mirarse y explicarme, en lenguaje coloquial castizo…”no viejo, el chabón me sacó el doble tilde celeste, después me silenció los estados y ahora me terminó de bloquear, pero se la di en la pera con un Twitter que no esperaba. Piola vago conmigo se rescata si o si el goma ése…”.

Mi mente empezó a darse de bruces con todos mis estudios: primaria, secundaria y facultad tiradas a la basura por un idioma nativo urbano aborigen de dudosa procedencia… A ver…lo único que entendí era lo de los estados silenciados y en eso lo apoyé con toda mi alma, es muy fea la opresión del pueblo y los estados son soberanos, así lo dice la Constitución.

Con una leve mueca de entender todo lo que dijeron los saludé, me bajé del colectivo y me dirigí a toda prisa a la reunión de padres previo al inicio de clases, gracias a Dios era con gente de mi edad, con la cual se podía charlar de tu a tu y generar empatía más allá de cualquier contratiempo, algo así como “el cenit del diálogo”.

Llego, me siento, retiro los apuntes generales del organigrama de inicio de clases y período de adaptación (ni con Stephen Hawking a mi lado lo podría haber comprendido) y veo que al fondo de ellos asoma una hojita, tamaño A5 que indica “Orientaciones para el uso de Grupos de Padres en Whatsapp”.

15 indicaciones (¿tips?) para no herir susceptibilidades de aquel que no contesta, que escribe en mayúscula, que sale del grupo sin avisar, que responde con emoticones (según el punto 13 está autorizado el uso de los mismos como medio de expresión), etc…

La batalla está perdida, ni Dios se atrevió a tanto, sólo hizo 10 mandamientos…

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