fbpx
Julio 22, 2019

No importa si era invierno o verano, ya no lo recuerdo. Los trajes, smokings o fracs alquilados sirven para toda temperatura y temporada, más allá de algún sarpullido ocasional a causa o bien del material del que están compuestos o de su anterior usuario.

Lo cierto fue que allí, en esa reunión a la que asistí forzosamente, que conocí una llave que abría la puerta de la venero del conocimiento que aún hoy no he podido cerrar.

Ante las presentaciones formales de rigor, con el majestuoso ponche de kiwi de por medio (nunca supe si se trataba de la fruta o de la pequeña ave que no vuela, gran ejemplo para el resto de sus congéneres, no imagino un destornillador que desatornilla pero no atornilla, bueno, eso es esa ave, si se enterara Darwin…) varios de los allí presentes fueron haciendo gala de sus logros y profesiones: doctores, ingenieros de toda índole, abogados. Ante ésta última profesión pregunté si al salir del mitin, yo seguía derecho… ¿me recibiría de abogado?. Las reacciones y los gestos adustos me hicieron notar que por el lado del humor fácil no iba a ser muy fructífero conversar. 

Continuando con las presentaciones llegó el turno de un corredor de bolsa. Todos lo miraron extasiados y le comenzaron a preguntar qué, dónde o cuándo invertir, a lo que la persona en cuestión los cortó de cuajo y les aclaró, secamente: “no macho, a mi me contratan en los eventos de las escuelas primarias, principalmente las privadas, y hago de padre de alguno de los chicos para ganar en las carrera de embolsados, vos sabé, en esos ambientes hay mucha competitividad y aparentarlo es todo”. Y prosiguió con su alocución “pero eso no es nada, también fui emperador”. El silencio del resto de nosotros, los simples mortales fue elocuente “… embalaba peras en el Mercado Central, pero eso ya fue…”, concluyó, lacónico.

Repuestos del episodio fue el turno de una persona de unos 20 años, con anteojos a lo Harry Potter, unos pantalones chupín que dejaban ver sus medias (¿o era al revés?, ya no recuerdo) y una remera ajustada con la imagen del Che. “Hola, qué tal, yo soy influencer”. Lo más parecido que había escuchado en mis cuatros décadas de vida (ocho lustros para los más avezados) eran los Illuminati tras lo cual fruncí la ceja y lo miré con desconfianza. Inmediatamente prosiguió y aclaró con una soltura despampanante “marco tendencia, influyo sobre mis seguidores”. “¡¡A la m…. Estoy con el presidente!! Fue mi pensamiento por lo bajo. Repuesto de la emoción original, recapacito sobre mis pensamientos y recorro su aspecto fijamente y me doy cuenta por un detalle muy fino, casi imperceptible, que no se trataba del presidente… era claro en sus conceptos. Es entonces que me centro en toda su encíclica filípica y allí es donde explica claramente sus intereses. “Subo videos y stalkeos a las redes, soy un instagramer, un youtuber. Retwitteo e introduzco variantes constantemente en el Factbook, consiguiendo de esa manera seguidores y likes. Es por eso que conservo mis bonus y además, jamás he spoileado nada, lo que hace que tenga un 99% de confiabilidad virtual. Me conocen como el Gurú”. 

“¿Escuché bien, dijo Grú (no es pelado y narigón, no creo que sea él) o Gurí ¿(es más probable, aunque no lo ví muy entrerriano que digamos, faltaba el mate bajo el brazo)”. Cuando repitió “Gurú”, me colgué del Wifi del recinto, escribí “Gurú” y saltaron sus múltiples acciones dentro de internet… muy loables todas. Recomienda no bañarse todos los días para ahorrar agua, no cepillarse por el mismo motivo, no regar las plantas, no baldear, en fin, sumamente peligroso y por tal motivo perseguido por los agentes encubiertos de Aguas Santafesinas.

Aleatoriamente comenzaron a aparecer en mi celular palabras asociadas como centennials y milennials. Hete allí del mundo del cual hablaba al principio de éstas líneas. 

Es en esos instantes que me enteré, accidentalmente, que pertenezco a la “Generación X”, sin ir más lejos y para explicarlo claramente algo así como los mutantes de X-Men que fueron recolectados por el profesor Xavier. Inicié mi vida analógicamente y la continué en el mundo digital, a los tumbos y obligado claramente. 

De repente un zumbido de otro mundo me sacó de mis atribulados pensamientos y me llevó nueva e inmediatamente a la reunión en la que me hallaba, era algo así como el grito de Godzilla y Godzuki juntos, todos los parroquianos nos tiramos automáticamente al suelo, esperando la hecatombe.

Todos salvo el Gurú. Ahí comprendí que veía el futuro y sabía que lo que parecía un terrible impacto en ciernes no era así, no era en vano su nombre, un verdadero y auténtico influencer, y yo iba a ser su seguidor número uno.

Dijo solamente seis palabras y calmó todo con su voz preclara “Tranquilos muchachos, es sólo un ringtone…”.

El fallecimiento del “padre” de Alf , Max Wright, en la semana en curso, trastocó todos los esquemas de aquellos que vimos la serie en el transcurso de la década del ochenta. Siempre guardando tranquilidad ante las diversas locuras del extraterrestre, se destacó como el ejemplo de padre de familia.

Dolor detrás de los ojos, fiebre, fátiga, náuseas, vómitos. No se trata de la cuasi controlada Fiebre Hemorrágica argentina, sino de la selección argentina en los dos primeros partidos transcurridos del grupo.

¡Circos eran los de antes!, con esa frase ¿cierta? inician las vicisitudes de, éste, nuestro relato de hoy.

Las diversas necesidades de los días y tiempos que corren en la actualidad dan pié a ésta nota de domingo.

Página 1 de 5
© 2019 RosarioMix.com - Todos los derechos reservados