Noviembre 18, 2018

¨La medicina nunca fue fácil y los doctores no son la excepción¨

Septiembre 08, 2018

Continuamos con los domingos de relatos cotidianos de la vida misma.


Nunca me gustó ir a los doctores. Varios son los motivos. El aire de superioridad que algunos infunden es uno de ellos. “¡Lo dijo el Doctor, tiene que ser así, necesariamente, por algo se quemó las pestañas estudiando!”, es una frase que he escuchado más de una vez. No pasa con otras profesiones… “che, vos que sos arquitecto, me hacés un dibujito…, dale, si son dos minutos” es el claro contra ejemplo.

El nombre con el que se referencia a aquel que está esperando es otro. Paciente. ¿Por qué paciente, porque no enfermo, averiado, objeto de estudio, individuo de control??? Aunque sea cliente, es hasta más digno… pero no, paciente nomás.

Claro, de entrada, ya estamos en pié de desigualdad de condiciones, se sabe que vamos a esperar, pase lo que pase, te cure o no te cure, algo es seguro, a esperar.

La secretaria te pide el bono o la orden y el plus.

Ya me condiciona. “Pagué” pienso internamente y demore lo que demore el galeno lo voy a tener que esperar… las revistas son de lo más anodinas. Desde los suplementos de los domingos de los años 90 para acá con los crucigramas ya hechos hasta la revista “Persona” donde me entero de los romances más increíbles en lugares que no conozco.

Esa última revista trae mujeres con pocas ropas que dan consejos (“desde que conocí mi yo interior abandoné la polenta” y cosas así), otras exhibiendo livings, pinturas, etc…

Cuando ya leí y releí todas, revisé mi celular hasta el hartazgo y junté fuerza para decirle a la secretaria que se meta el bono y mi dinero en el… se abre la puerta, gira lentamente hacia la izquierda el pomo platinado y pronuncia mi apellido con la dulzura de una madre primeriza amamantando a su bebé… me olvido de todo instantáneamente e ingreso en el recinto del saber.

Observo pilas y pilas de tomos y libros con lomo de cuero, cuidadosamente acomodados con números romanos. No hay dudas, estoy frente a una manada…no una jauría… una bandada, ¿cómo se llamaba?. Recurro al celular mientras el Doctor me explica cuál es mi malestar, pongo lo más claro que puedo con mis nerviosos dedos “Cómo se llama una colección de libros” y salta inmediatamente “Enciclopedia” si!!!! Mi mamá me había dicho una noche de invierno mientras tomábamos un té de peperina que eso, enciclopedia, existía, sabía que no me podía mentir. Estaba frente a, tal vez, una de las últimas enciclopedias antes de su extinción.

Eran las que se compraban en librerías, no como las de ahora que vienen con el diario, en las estaciones de servicio y hasta con alguna que otra hamburguesa.

Confieso que lo he escuchado alguna vez, pero siempre pensé que se trataba de un cíclope con problemas de higiene (pobre, pensaba yo, sobre que tiene un solo ojo tiene piojos…).

Después de despertar de mi maravillamiento me doy cuenta que el Doctor me extiende la mano, me saluda afablemente y me da en la otra un papel. “Andá tranquilo a la farmacia, no vas a tener problemas…” me dijo mientras me invitaba a retirarme por la misma puerta que entré, ya que debía seguir atendiendo. “Nooooo” dije hacia mis adentros. Extasiado con mí descubrimiento y avistamiento no escuché nada de lo que me dijo. Es en ese momento que entendí que representaba la pintura “El Grito” de Edvard Munch. ¡Él también no escuchó lo que le dijo el doc y se fue con una receta inteligible en sus manos!. Ahora me encontraba en una situación sin retorno. Entre la espada y la pared. Confieso que traté de advertir que eran esos garabatos, que decían. Era mi salud la que estaba en juego. Haciendo memoria, retrospectivamente hablando, comencé a recordar que en la sala del doctor también había otros libros que en vez de números romanos en el lomo se trasuntaba algo parecido a la escritura egipcia… ¿me habrá dado la receta en egipcio? pensé para mis adentros. ¿Esto será un jeroglífico para que nadie se automedique y les quite trabajo a estos señores?,¿ Los farmacéuticos también sabrán egipcio?, ¿será parte del juramento Hipocrático?.. allí me di cuenta que no, Hipócrates fue griego y los farmacéuticos no hacen ese juramento. Lo más parecido que hacen es allá por Noviembre de todos los años algo que se llama “La Bajada” y algunos se visten con togas…

recetas -


¡Ya sé. Le saco una foto y se la mando a uno de mis contactos que es grafólogo!, para colmo está “en línea” (que raro, era obeso, pero bueno, hace varios meses que no lo veo…). Espero un buen rato y me dice “..no macho, no entiendo nada, soy grafólogo no detective…”.

Bueno, ya está, perdido por perdido voy a la farmacia con paso decidido. Es una de las grandes, por suerte, las que tienen de todo. Digo, con voz fuerte y prístina. “Buenos días. El Doctor me recetó esto”. El farmacéutico no se amilana, recorre anaqueles, revisa la computadora, chequea con sus compañeros. En definitiva, me brinda seguridad, lidia día a día con letras de doctores. Que tonto de mi parte hacerme tanto problema. Todo está en orden. A casa con el medicamento.

Son las 11 de la noche. Continúo resfriado como nunca. Pero bueno, tengo los preservativos, la cartera trenzada de cuero y el autito de Cars que me recetó el doctor…

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