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Enero 21, 2020

Relatos de Domingo: Diciembre, siempre Diciembre

Diciembre 08, 2019 0

Época de balances y reflexiones, es entonces pues que decido recurrir a los especialistas correspondientes a tal efecto y saco un turno programado, atendido por la voz de una computadora. Ya que estoy pregunto, ¿qué otra cosa es un turno sino es programado?, y redoblo la apuesta ¿Qué otra cosa es una deuda sino es pendiente?. Ya envalentonado remato, ¿qué otra cosa es pertinaz sino es llovizna?... jamás leí o escuche esa primer palabra (pertinaz) si no se encuentra acompañada de llovizna. Algo así como el Batman y Robin de la sintaxis.

Decido caminar la ciudad, ya que contaba con tiempo, para llegar al turno asignado. El clima es más que agradable para ésta época del año y una suave brisa acompaña el movimiento cadencioso de los diversos ejemplares arbóreos que enarbolan la urbe, dejando caer al son de la gravedad sus hojas monocotiledóneas no pecioladas… al lado mío, un hombre con rostro enjuto y un barbijo a lo Michael Jackson pensando exactamente lo mismo que acabo de dejar sentado por escrito, sólo que lo hizo público “¡Éstos plátanos de mier… no paran de cag… la vida con éste viento del or…!. Palabras más, palabras menos.

Continúo mí, ya a ésta altura, mundanal recorrido y otro vecino, aparentemente que se expresa con la libertad de los tiempos democráticos que corren:

- Decí que no le tuve cara a cara, siempre se escondió, que sino le decía todo lo que pensaba. Menos mal que ya llega a su final sino no te das una idea de lo mal que la iba a pasar…

Siempre me quedaré con la duda de si hablaba del fin del mandato y recambio de un gobernante de turno, de una rata vieja que le hizo la vida imposible o simplemente de su suegra…

Avanzo con mi cruzada diaria y agolpados en una plaza comienzo a percibir sonidos de redoblantes y bombos. Al acercarme noto que también hay pancartas que rezaban: “Basta de tirar manteca al techo”, “Siempre actuaron de mala leche”, “Lacra, te vas a tener que ir de la Vía Láctea si te querés esconder” y cosas así. No hay nada más que averiguar, es el reclamo de los empleados de una compañía láctea.

Ya a ésta altura la caminata se estaba transformando más bien en odisea y decido repararme en un bar de los que hay en una de las esquinas más céntricas de la ciudad, pido un café y escucho en la mesa contigua una frase que me hizo entrar en un estado de tranquilidad meridiana cuasi zen: “Tenemos que armar el arbolito”. Al fin, entre tanto estado de alerta y paranoia, alguien que mantiene el espíritu navideño y conserva los valores tradicionales de la familia. Paz.

Relajado, continuo escuchando “Porque al Tony con el tema de los dólares que vende en la calle ya trataron de robarle varias veces”.

Ni espero el café, me levanto como un rayo y salgo despedido de ese reducto gastronómico.

Ahora si, ya era un desafío terminar de recorrer las escasas cuadras que me separaban con mi destino final, como Terminator tenía la mira puesta en mi objetivo y ese era el turno, nada tenía que interponerse entre un hombre decidido (sería yo) y el objetivo (balance y reflexión).

Nada me importaron el hombre que me quería vender cordones para gafas, con una dulce y acaramelada melodía “El cordón de los lentes, para no perder los lentes”.

Otra distracción, generada por el imperialismo consumista, me esperaba en la esquina siguiente “Chipacitos…”. Levanté la vista y observé que al lado de donde vociferaban ese noble y regional producto se encontraba un local de venta de insumos médicos con un esqueleto como muestra de sus productos. No pude dejar de trazar un pensamiento “Pobre hombre, un incauto que se quedó esperando que la de los chipacitos terminé la frase con… un peso la bolsita”.

Ahora si, ya llegué, me presentó ante una secretaria y tomo asiento.

Casi inmediatamente me llaman por mi nombre (mi suerte está cambiando pensé) y me siento en su estudio u oficina, sin mirar casi a mi alrededor.

Le empiezo a contar mis problemas de todo el año, mis penurias y sinsabores y me detiene en seco” Un momento, tiene que haber un error, yo soy Contador”.

Es en ese instante que me instruyo que los balances de fin de año, de los objetivos logrados y por hacer no son lo mismo que los balances contables…

Me retiro, saco el celular y llamo inmediatamente al gimnasio “Suspendan mi turno por favor”. No necesitaba que me expliquen nada, hacer muchas flexiones no iban a contar como reflexión…

 

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