fbpx
Noviembre 22, 2019

Relatos de domingos: Halloween

Noviembre 03, 2019 0

Al leer de un primer vistazo la nota enviada en el cuaderno de comunicaciones una sonrisa transversal trasuntó mi rostro expresando el momento ansiado, el logro obtenido, la cima alcanzada.

Eran solamente cinco palabras, que encadenadas y entrelazadas en una oración rezaban :”Mañana concurrir vestido de Houseman”.

Una vez pasado el tiempo de la emoción comenzó a acuciarme la duda… ¿por qué justo en éste momento alguien querría hacer un homenaje póstumo al gran René?, ¿ y en una Escuela?. La nota ,creí leer, que estaba firmada por la maestra de actividades prácticas y no por el profesor de gimnasia, lo cual tendría algo de relación (tal vez pretendía inculcar el pique corto, la gambeta y la picardía criolla…). Entonces procedí a releer la misiva y detecté mi error, adjudicable al afecto del homenaje al ídolo de pequeño que supe tener (si hasta El Chavo alguna vez lo mencionó y ni hablar con El Gráfico y su titular del Mundial 74 “¡Quedate ronco René!).

Efectivamente no se trataba de Houseman. Era Halloween.

Admito mi estado de total neófito en el tema, al igual que ante una multitud de temas cotidianos, como por ejemplo esa manía de escribir todo terminado en e: todes, juntes, caries, Laferrere. Un exceso consensuado claramente.

Es entonces cuando procedo a investigar con el objeto y/o adminículo tecnológico de acceso remoto básico móvil más a mi alcance (¿celular?).

Inmediatamente al comenzar a deletrear surge la frase insignia: “Dulce o truco”.

Es entonces que entiendo palmariamente lo que el establecimiento educativo está tratando de instaurar, no hay dudas. Es el día de la tradición, 10 de Noviembre. O acaso qué otra cosa puede significar la frase “dulce o truco” en nuestro bendito país.

Los niños van vestidos de paisanos o gauchos y las niñas de chinas o gurisas.

No hay nada más que investigar, por lo tanto apago el celular inmediatamente y comienzo a pulir el plan.

Seguramente salen todos juntos y golpean las puertas de sus vecinos, pidiéndoles un mate dulce. En caso de no tener o el parroquiano ofrecer un amargo, es entonces que se desafían a jugar al truco, y así pasan toda la tarde, tal vez hasta compartiendo el juego de la mentira comiendo torta frita y buñuelos. Ahora si, si no se ponen de acuerdo en ninguno de los dos temas pasan a las boleadoras, los chicos crecen. El círculo está completo.

Recuerdo haber intentado enseñarle a jugar al consabido juego de naipes a un estudiante de intercambio de origen japonés. Luego de explicarle todas las reglas, y comprobar su comprensión, treinta a cero le gané. Se abstuvo de mentir durante toda la partida. Adujo que era un deshonor mentir, que sus antepasados no se lo perdonarían y que si llegaba a ser descubierto en una situación irregular era él mismo quien solicitaría proceder a la ceremonia del harakiri. Nunca le ofrecí la revancha, por las dudas…

Me esmero como nunca en vestir de gauchito Halloween a mi hijo (con la salvedad de una única duda, ¿me inspiro en el gauchito del mundial 78 o en el Gauchito Gil?), todo suma para una buena nota escolar… (como decía el cura “todo es bueno para el convento… y se llevaba una monja debajo del brazo”).

Ahora si, con su pañuelo rojo atado en el cuello (ni celeste ni verde, de manera de evitar problemas innecesarios), botas con espuelas, pantalones bombachas en composé y un hermoso sombrero con su ala de lado, ya está preparado para ser el rey del grado, el macho alfa, el semental italiano, el martinete humano, el individuo de control.

Al arribar al establecimiento educativo, venero de conocimiento para los más expresivos, comencé a sospechar que algo no estaba “del todo” bien.

Absolutamente todos los niños, niñas y niñes estaban disfrazados de fantasmas, vampiros, frankensteins y demás. Observé hacia los cuatro puntos cardinales y no encontré ningún indicio de que se esté desarrollando en el colegio encuentro de partido político alguno…

Perdido por perdido, sonó el timbre y mi pequeño vástago ingresó a clases. Lo besé en la frente, me persigné y huí raudo, de manera de no dar tiempo a los docentes a que me pidan explicaciones.

Sin embargo su maestra me interceptó, cual stopper de Bilardo y me exigió que explique su atuendo gauchesco.

-“ Me extraña señora”. Fue mi respuesta. “Si de monstruos se trata, mi hijo está disfrazado de Juan Moreira, cualquier cosita consúltelo con la maestra de Historia”.

Y me fui caminando, silbando bajito. Otro triunfo épico del conocimiento…

© 2019 RosarioMix.com - Todos los derechos reservados