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Agosto 22, 2019

Relatos de Domingos: Bora Bora

Agosto 04, 2019 0

Ésta historia o narración comienza en Barcelona, febrero del año 1998.

Luego de recorrer por primera vez en mi vida la ciudad condal (no, no, antes que pregunten, Messi no tenía nada que ver, tenía sólo once años) el próximo destino era Sevilla, la ciudad de los naranjos, tablaos y estudiantes por doquier. Para llegar allí el medio de transporte elegido era el Tren de Alta Velocidad (TAV).
El viaje fue compartido (y solventado) con mi tía, una filósofa que decidió invitarme a recorrer el viejo mundo y contactarme con el apasionante mundo de las iglesias, los museos, pinturas, frescos y cuadros. Al décimo día ya me quería volver pero logré terminar la odisea cultural que duró setenta jornadas. Es por ello que conocí pintores (más allá de los clásicos) desconocidos hasta ese momento para mi como Canaletto, Pinturicchio, Turner, etc.
Volviendo al viaje en tren cuando nos sentamos en los asientos veo justo en frente de nosotros a un rostro conocido leyendo escondido el Diario Sport. Cuando sale detrás del periódico, me mira y me saluda, lo reconozco: Velibor Milutinovic, más conocido como Bora. Como fanático del fútbol que era (y lo sigo siendo, ya sin la palabra fanático) se me deben haber abiertos los ojos como el dos de oro al notar su inspiradora presencia.
Por otra parte internamente recordaba y relacioné cuando estuvo en San Lorenzo de Almagro en el año 1987 y salió su cara redonda con el escudo de ese club y la frase “En San Lorenzo tengo todo controlado” en la revista SuperFútbol. Dirigió solamente ocho partidos, no perdió y se fue sin avisar. Agradecí que sea técnico de fútbol y no maquinista del tren… Extraño club el Ciclón de Boedo, con técnicos e hinchas ultraconocidos a nivel mundial y una multinacional que le sacó el estadio…
Bora me ve, me saluda y me invita a tomar un café al vagón comedor del tren.
Allí se encuentran dos muchachos brasileños que se suman a la conversación y nos comenta que está recorriendo España yendo a ver a los jugadores nigerianos ya que había asumido la dirección técnica de ese equipo hace un par de días y los estaba yendo a conocer y visitar, uno por uno.
En éste caso su elegido era George Finidi que jugaba en el Betis de Sevilla. Con esa charla, previa Mundial Francia 1998, yo ya estaba hecho (y que él pague el café) pero no, acto seguido nos invita a ver el partido y nos cita a las tres de la tarde en el Estadio Benito Villamarín, puerta uno (buena táctica, todos los estadios tienen puerta uno, más no se sabe).
Es así como una vez llegado al Hotel y acomodados los petates le aviso a mi tía ”me voy a la cancha, me invito el hombre que estaba sentado enfrente nuestro, es técnico”. Con su venia, me retiro a ver el consabido match (Betis – Mérida).
En la hora y lugar exactos, mapa de por medio (ni GPS ni celulares existían en esa época) me hallo a las 3 con los brasileños y desde dentro del estadio sale Milutinovic y nos invita a entrar. Nos franquean las puertas cual comisionados con inmunidad diplomática y allí él mismo nos divide “vos conmigo, ustedes dos (los brasileños) van para allá”. Allí mis globos oculares dejan de ser el dos de oro para pasar a ser los de un animé japonés. Ascensor, escalera, sala de prensa y palco, todo de la mano del serbio. La charla (habla cinco idiomas, entre ellos el español) pre partido se centra en los encuentros Argentina- México previas al Mundial 86 (él dirigía a los aztecas y Bilardo a los nuestros). Jugaron mil veces y mil veces empataron.
Comienza el partido, hace anotaciones en una libreta que tenía a mano y grabaciones de voz en su idioma natal en una grabadora parecida a las de la seria Misión Imposible que se autodestruía indefectiblemente capítulo tras capítulo.
En el entretiempo vamos al ágape de rigor que hacen los clubes, me presentan al presidente del club (Manuel Ruíz de Lopera, a éste lo tuve que googlear), azafatas, modelos y algunas otras autoridades.
Alguno me pregunta si soy su ayudante de campo (lo más parecido a ese título que hice en mi vida fue juntar marlos de choclo en una chacra de Buenos Aires).
El partido concluye, gana Betis 2 a 1, el amigo Bora me da un teléfono al cual nunca llamé y saludo también a algunos jugadores argentinos que jugaban en Mérida (Navarro Montoya y Gabrich entre ellos).
Cuando vuelvo al Hotel, lleno de aprendizaje y cultura futbolera brindados espontáneamente por este trotamundos del fútbol, me espera la realidad, la filósofa.
-“¿Dónde estuviste?, Casi llamo a la policía”, me dijo en tono de reproche al llegar
- “Ya te dije, con el técnico”, respondí inmediatamente
- “¿Y Técnico de qué era, de televisión?, cerró la charla.
En ese momento sentí lo que siente Condorito al caer hacia atrás con la onomatopeya “Plop” diciendo ”Exijo una explicación”.

N. de la R.: Los cafés consumidos con el serbio en el tren fueron abonados por él, las entradas al club no se sabe y lo ingerido en el entretiempo por el club.

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