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Junio 20, 2019

Relatos de domingos: Circos eran los de antes

Junio 08, 2019 0

¡Circos eran los de antes!, con esa frase ¿cierta? inician las vicisitudes de, éste, nuestro relato de hoy.

El tener pequeños vástagos (nunca olvidaré un libro llamado “El vástago de los cuatro fantásticos” leído en mi juventud, el cual en su momento abrió mis inquietudes y me adelantó 30 añes transportándome al actuale munde de les todes) lleva a sus progenitores a querer procurar, sobre todo los fines de semana, lugares o actividades para que jueguen y/o se entretengan.

Una de las principales, sin lugar a dudas, son los circos itinerantes con integrantes de distintas nacionalidades. Hasta el año 1995 podían llevar animales, pero desde ese momento solamente pueden trabajar personas, salvo los payasos que aún no se sabe qué son… ¿son buenos?, ¿son malos?, ¿hacen reír?, ¿hacen llorar?, ¿cuándo se despintan les queda la comisura de los labios hacia abajo, como los relojes derretidos de Dalí?, ¿Por qué los ladrones entran a robar bancos con caretas de ellos o de Nixon y no de una bruja por ejemplo…? Demasiadas dudas, que no podrán ser resueltas en éstas escuetas líneas quincenales (tome nota editor…).

Recuerdo un circo familiar que se presentó en una localidad serrana suiza llamada “Chapel of the mount” (Capilla del Monte) donde se anunciaba el espectáculo de los “cabezudos”, de moda en ese momento (no, no, no confundir, cualquier coincidencia con la cúpula de gobierno actual es mera casualidad…), en el cual uno de los pequeños actores tropieza, su cabeza rueda (era el momento de camuflarlo haciendo Hamlet, tomando la cabeza y decir “Ser o no ser, esa es la cuestión” pero no ocurrió) y al ponérsela nuevamente es colocada hacia atrás, generando gran pavor entre los pequeños espectadores, que huyeron despavoridos al grito de ¡Está poseído!. Manteniendo una calma de monje zen tibetano, entre la estampida humana, el dueño del circo procedía a explicar: ”También puede ser poseso, la RAE lo admite…”.

Con posterioridad a ese luctuoso episodio procedí, ya sí con mis pequeñas excusas llamadas hijos, a concurrir a ver nuevas troupes itinerantes,

La primera de ellas era un circo uruguayo, también familiar.

Uno de las grandes atracciones era “El globo de la muerte”, lo que provocaba innumerable cantidad de especulaciones sobre la intrépida actuación de los nobles y gallardos artistas participantes de tan magno acontecimiento.

Finalmente el locutor anuncia el momento esperado con ansías. Cuando sacaron una pantalla LED gigante y una persona vestida con el atuendo característico del Club Huracán explicaba los vaivenes de ese equipo con el famoso promedio del descenso sentí junto a mi familia una de las más grandes decepciones circenses de nuestras vidas. Para darle más dramatismo detrás de él un payaso triste con sus zapatones (cuando no) ejemplificaba los goles errados por los delanteros del “Globo”.

Luego del espectáculo del circo salí cebando mate a mano cambiada mientras caminaba, hablaba por celular y explicaba la teoría de la relatividad a los niños, todo junto, típico de nuestros hermanos orientales.

Transcurre el tiempo hasta que de repente aviones, propaladoras y demás medios de comunicación advierten la presencia de un nuevo circo. En ésta oportunidad no se trataba de un emprendimiento familiar sino, finalmente, un alto espectáculo al más fiel estilo Broadway.

Es allí donde nos dirigimos entonces después de conseguir ¡increíbles entradas a 99,99 pesos cada una!, que luego de abonar un seguro por espectador más el estacionamiento más el servicio de acomodador más las gaseosas más las fotos con el escuálido primo lejano del campo del ratón Mickey más lo ingerido dentro del mismo se transforman en algo así como un viaje all inclusive de dos horas.

Sin embargo, pese al terrible golpe al bolsillo le aplico un RCP al mismo (Reanimación con Créditos Privados, en éste caso de mi tío…) y sigo apostando a la presencia de esas moles de fibra llamada carpas, más allá de lo que se describe en éste escrito siguen generando ilusión a chicos y grandes y eso es lo que finalmente cuenta.

Ahh, una última cosa, sé perfectamente lo que significa la expresión “un circo en contramano”. Es que con semejantes moles y camiones que transportan la estructura no siempre se pueden tomar las pequeñas calles céntricas en los sentidos de circulación correctos, ¿qué otra cosa podía significar en un país tan ordenado como éste…?

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