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Julio 22, 2019

Relatos de domingos: las nuevas tecnologías y nuevas formas de ofenderse

Marzo 10, 2019 0

El momento económico en que transcurren éstos tiempos hizo que, como tantos otros, vuelva a tomar los medios de transportes públicos, más precisamente el colectivo.

Me apropincuo cómodamente dentro del mismo, sentándome en sentido contrario al conductor (en una de ésas, al estar en esa posición contraria al resto del pasaje en vez de envejecer rejuvenecía, pero lamento decir que no ocurrió), poso mi vista en la lontananza y escucho dos palabras que me cambiaron la vida… “¡Me bloqueó!”.

Por un momento creí estar en el ómnibus de algún equipo de basquetbol, ya que esa palabra es utilizada en jugadas tácticas del mencionado deporte anaranjado, hasta esperé ver a Ginóbili pero nada de eso ocurrió. Lo más parecido era que el chofer tenía un cartel  que indicaba que se llamaba Gino y creí escuchar que tenía problemas de bilis.

Vuelvo a concentrarme y veo a dos jóvenes que parecían humanos, pero por la velocidad de sus dedos y los movimientos que hacían con dichas falanges supongo eran de Júpiter, y calculo que mínimo tenían 8 por mano.

Prestando atención noté que todo el alboroto respondía a su destellante celular, indómito con infinidad de ruidos cual alarma comunal descompuesta.

Un contacto, al parecer muy importante, había osado impedir la recepción de mensajes de mi ocasional compañero de viaje. La afrenta, por lo que estaba comprendiendo in situ, era similar al asesinato del archiduque Francisco Fernando de Sarajevo que desató la Primera Guerra Mundial… sólo que en éste caso desencadenó un increíble arsenal de opciones de retorno de la humillación, todas virtuales, ninguna presencial.

Si los viejos retadores a duelo hubieran sabido de éstas herramientas de resolución de conflictos, cuántas pérdidas se habrían evitado (Hipólito Yrygoyen y Lisandro de la Torre abstenerse).

Su compañero en seguida le dio una respuesta al momento trémulo y aciago del “bloqueo virtual”… “Escrachalo en Twitter, y yo te retwitteo”.

“¡A la pucha!” dije para mis adentros… “no es necesario semejante palabrota, se supone que sos su amigo pibe…” continuó mi pensamiento silencioso. Sin dudas era clarísimo lo que querían hacer, inspirados en una película icono de los 90 “Twister” querían desatar el caos climatológico en ese lugar y momentos, por suerte yo estaba allí para enterarme en tiempo y forma y ponerme a resguardo. Se ve que los pibes eran discípulos de Saruman o algo así…

Crítica de la película “Twister”Imagen del final de la película Twister 1996

Cuando ya estaba listo para el cataclismo y me había puesto mis botas de lluvia, mi capa amarillo patito y alistado el paraguas de Mickey de mi hijo que siempre llevo conmigo en mi atache (nunca salgo sin él para aparentar, a veces llevo ropa de ocasión como en éste caso y otras mortadela y pan del día un frugal almuerzo), alcanzo a ver una sonrisa mefistofélica de superación en el ofendido y sus palabras de satisfacción “Ya está, ya lo escraché, retwittealo vos y vamos a ver que dice el forro éste”.

“¿Qué pasó?” dije yo entre labios. “¿Y la lluvia, y el tornado, y las vacas volando sin sentido? (siempre vacas, nunca un hámster, pelicano o algún otro animal más a mano…)”.

Juntando fuerzas de donde no tenía me atrevo a preguntarles, casi inaudiblemente… “Disculpen chicos, ¿qué es lo que pasó que no vino el huracán o Twister…?”… Su reacción fue mirarse y explicarme, en lenguaje coloquial castizo…”no viejo, el chabón me sacó el doble tilde celeste, después me silenció los estados y ahora me terminó de bloquear, pero se la di en la pera con un Twitter que no esperaba. Piola vago conmigo se rescata si o si el goma ése…”.

Mi mente empezó a darse de bruces con todos mis estudios: primaria, secundaria y facultad tiradas a la basura por un idioma nativo urbano aborigen de dudosa procedencia… A ver…lo único que entendí era lo de los estados silenciados y en eso lo apoyé con toda mi alma, es muy fea la opresión del pueblo y los estados son soberanos, así lo dice la Constitución.

Con una leve mueca de entender todo lo que dijeron los saludé, me bajé del colectivo y me dirigí a toda prisa a la reunión de padres previo al inicio de clases, gracias a Dios era con gente de mi edad, con la cual se podía charlar de tu a tu y generar empatía más allá de cualquier contratiempo, algo así como “el cenit del diálogo”.

Llego, me siento, retiro los apuntes generales del organigrama de inicio de clases y período de adaptación (ni con Stephen Hawking a mi lado lo podría haber comprendido) y veo que al fondo de ellos asoma una hojita, tamaño A5 que indica “Orientaciones para el uso de Grupos de Padres en Whatsapp”.

15 indicaciones (¿tips?) para no herir susceptibilidades de aquel que no contesta, que escribe en mayúscula, que sale del grupo sin avisar, que responde con emoticones (según el punto 13 está autorizado el uso de los mismos como medio de expresión), etc…

La batalla está perdida, ni Dios se atrevió a tanto, sólo hizo 10 mandamientos…

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