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Junio 27, 2019

Relatos de domingos: año nuevo, vida nueva ?

Enero 06, 2019 0

“Año nuevo, vida nueva” reza el consabido slogan.

Es entonces que, con todo por perder y nada por ganar, decido poner en práctica algunos de los tantos pedidos y juramentos hechos mientras sonaban las doce campanadas cristalinas del 31 y comienzo una rutina de ejercicios que me devolverán a la lozana edad de 20 años, según mister Charles Atlas, Mr T y George Foreman!... ah no perdón, éste último es más realista y enseña a cocinar verduras al wok todos los días a eso de las dos de la mañana por cualquier canal de cable.

Pues bien, manos a la obra!. Lo primero que necesito es ropa adecuada, no tiene que ser oscura ya que en éstas épocas el sol hace estragos. Llegado al negocio del ramo expongo verbalmente ante el atento vendedor que necesito de la indumentaria adecuada para ejercer el deporte predefinido.

Salir a correr y jugar a la pelota, allí radicaban las dos opciones. Me inclino por el primero y pido equipamiento a tal efecto. “Ahh, vos vas a hacer running” me dice el tipo de la tienda. Tenemos una mochila “backpack sporting”, “luces led Flex”, “muñequeras pocket” y “water portable” ante estos fenómenos climáticos. Se notaba que el muchacho de la tienda sabía de lo que hablaba y, sin dudar ni hesitar, procedo a comprar todo, oblando por su elevado precio.

Una vez en casa, abro todos los paquetes y me doy cuenta que  lo que había comprado era una mochila color marrón, una linterna, muñequeras de mujer y una botella de agua. Es decir, ya había pasado un día y mi compromiso moral seguía en cero. Eso si, mi bolsillo ya estaba largamente en negativo y mi orgullo herido.

“Este contratiempo no me va a detener!” dije fuertemente para mis adentros, o no tan adentros ya que el vecino de arriba me dijo que me deje de gritar de una buena vez, era muy tarde.

Lógicamente, tenía que motivarme y entonces acudí a Netflix y me puse a ver Rocky, pero la 1. Verlo correr con esos pantalones grises todos transpirados me motivaron a emularlo, y me fui a dormir plácidamente.

Ya siendo el día siguiente procedo a vestirme con la ropa deportiva que aún me entraba y no había dado o tirado.

Lo primero, la remera de Camerún del mundial 1990. Era de mangas largas pero no importaba.

Posteriormente unas hermosas medias tipo felpita color carne, con agujeros que no quedaban a la vista (¿por qué será que las madres siempre se preocupan por la ropa interior de uno, como si constantemente estemos expuestos a un ataque cardíaco y el doctor se horrorizaría al ver un agujero en el dedo gordo…?) y unas zapatillas flecha color carmesí, de última moda en los 80.

Ahora si, ya preparado procedo a ir al Parque Urquiza a hacer gala y derroche de estado atlético.

Como primera medida, noto indumentarias de los más variados colores: verde flúo, naranja fosforescente, amarillo mignon. Por un momento pensé que el festival alienígena de Capilla del Monte se había trasladado a Rosario, pero no, deduje que era la moda.

Luego, gente que hacía dos pasos y una selfie. Se tiraba a elongar y otra selfie. Tomaba agua en el bebedero y otra selfie. Pensar que lo único que llevaba veinte años atrás para salir a correr era una tarjeta magnética por si me iba muy lejos de casa y poder volver sin morir en el intento…

Ahora si, sin precalentar derecho al ruedo. El primer movimiento o paso fue como un martillazo de Thor… pero el segundo ya era un puñetazo de Hulk directamente. Dolores por lugares del cuerpo que ni sabía que tenía. Era una película en slow motion, donde había un solo protagonista y, lamentablemente, era yo.

Sin embargo, de a poco, el sonido a metal chirriando de una locomotora vieja que desprendía mi cuerpo va mutando por suaves y elásticos movimientos atléticos. “El cuerpo tiene memoria” recuerdo que me dijo un doctor y en éste momento lo estaba experimentando en carne propia. El jadeo se transforma en respiración baja y controlada constante, los pies dejan de arrastrase para comenzar a tocar grácilmente el piso solo si es necesario (“las aves no necesitan caminar”, dijo alguna vez el señor Miyagi), la mente se apodera del cuerpo, nací para correr!!!.

Del mismo modo los perros nacieron para morder, y más los cachorros para afilar los dientes. Un perro comunitario, de los que allí abundan y tienen centenares de Ordenanzas que los protegen, decidío afilar sus dientes con mi pierna izquierda y anular inmediatamente mi deseo de fin de año.

Deduzco que las medias color carne no fueron una buena elección.

Modificado por última vez en Viernes, 11 Enero 2019 08:49
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