El ministro de Economía atribuyó la desaceleración a una caída en la demanda de dinero y aseguró que ya tiene identificadas las fuentes para cubrir vencimientos de deuda por unos US$9000 millones; refinanciamiento de bopreal.
En un contexto en el que la variación mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) se estabilizó en torno al 3% y mostró señales de haber interrumpido su sendero descendente, el ministro de Economía, Luis Caputo, admitió un “retroceso” en el proceso de desinflación y lo atribuyó a factores vinculados a la demanda de dinero. “No puedo forzar a la gente a tener pesos en el bolsillo”, dijo el funcionario frente a empresarios.
El ministro de Economía afirmó además que ya tiene identificadas las fuentes para hacer frente al pago de la deuda por unos US$9000 millones en momentos en que el riesgo país se aceleró levemente por los efectos financieros adversos que genera la guerra en Medio Oriente y por el bajo monto de reservas acumulado por el Banco Central (BCRA) más allá de las compras que la entidad financiera sigue haciendo en el mercado. Caputo, sin embargo, no dio precisiones sobre de dónde sacará esos dólares.
“Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso en los últimos siete u ocho meses”, reconoció Caputo durante el Simposio de Mercado de Capitales del Instituto Argentino de Finanzas (IAEF). Sin embargo, sostuvo que esa dinámica no responde a un desvío en la política económica, sino a un cambio en el comportamiento de los agentes.
A la salida del encuentro, ante la consulta sobre la suba del desempleo al 7,5% a 2025 que informó este miércoles el Indec, el ministro contestó que espera que el empleo se “va a recuperar” en los próximos meses.
“La inflación es un fenómeno monetario, pero ese desbalance se puede dar por un exceso de oferta o por una caída en la demanda de dinero”, explicó. En ese sentido, el funcionario remarcó que el Gobierno mantiene bajo control la emisión, pero que no puede intervenir sobre la decisión de los individuos de mantener pesos. “Yo no puedo forzar a tener pesos en el bolsillo si ustedes no quieren”, afirmó, y señaló que la demanda de dinero está estrechamente vinculada a la confianza. Según planteó, lo ocurrido en los últimos meses estuvo asociado a un “ataque especulativo” que deterioró esa confianza y generó un desbalance en el mercado monetario.
“Se produjo un desbalance, pero no producto de emisión, sino de caída en la demanda de dinero”, insistió. Ese fenómeno, agregó, implicó una pérdida de valor del peso frente a los bienes y explicó el salto de la inflación mensual desde niveles cercanos al 1,5% hasta el 2,9% actual.
Los datos oficiales refuerzan ese diagnóstico, pero también muestran una tensión con la narrativa oficial. La inflación de febrero fue de 2,9%, en línea con enero, y se ubicó por encima de lo que esperaban los analistas y de las previsiones que había anticipado el propio ministro. En términos interanuales, el índice alcanzó el 33,1%, mientras que acumuló un 5,9% en el primer bimestre del año. El dato implica que la inflación no logró retomar la desaceleración y consolidó una dinámica de meseta en torno al 3% mensual.
Tras haber tocado un mínimo de 1,5% en mayo de 2025, el índice comenzó a acelerarse gradualmente hasta ubicarse en los niveles actuales, lo que sugiere una pausa en el proceso de desinflación.
El Indec mostró que una de las principales presiones del mes provino de los servicios regulados. El rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles registró un aumento de 6,8%, impulsado por subas en tarifas de gas, electricidad y agua, en el marco de la recomposición de precios relativos.
A esto se sumó el impacto de los alimentos, en particular la carne, que tuvo una incidencia significativa en el índice general. Hacia adelante, marzo aparece como un mes desafiante por factores estacionales —como el inicio del ciclo lectivo y cambios en indumentaria— y por la continuidad de los ajustes tarifarios. Incluso, algunas consultoras señalaron que, con una canasta actualizada del IPC, la inflación de febrero habría sido más elevada.
Pese a este escenario, Caputo sostuvo que la tendencia de fondo no cambió y que el proceso de desinflación se retomará en los próximos meses. “A medida que la gente vuelva a demandar pesos, el proceso de desinflación va a continuar. Deberíamos empezar a verlo prontamente”, afirmó.
En esa definición aparece uno de los puntos centrales del programa económico: la velocidad de la desinflación no depende solo del ajuste fiscal y de la política monetaria, sino también de la recomposición de la demanda de dinero, un factor más incierto y vinculado a la confianza. “Nosotros no podemos forzar la demanda de dinero. Eso viene dado por la credibilidad”, remarcó el ministro. En paralelo, defendió el ancla fiscal y la estrategia monetaria. “Lo que tenemos que hacer es lo que seguimos haciendo: equilibrio fiscal, una política monetaria prudente y generar condiciones para que vuelva la confianza”, resumió.
El frente financiero
En ese marco, el frente financiero aparece como otro de los pilares para sostener el programa. Caputo aseguró que el Gobierno ya tiene identificadas las fuentes para cubrir vencimientos de deuda por unos US$9000 millones en el corto plazo. “Tenemos financiamiento identificado para los próximos tres vencimientos de capital”, afirmó, en referencia a los pagos previstos para julio de este año, enero de 2027 y julio de ese mismo año.
Ese esquema se concentra en la deuda soberana en manos del mercado, pero convive con otros compromisos en moneda extranjera. Entre ellos, se destacan los bonos en dólares del Banco Central (Bopreal), emitidos para canalizar la deuda comercial de importadores acumulada antes de 2024 y trasladar ese pasivo al balance de la autoridad monetaria.
Según el perfil de vencimientos, estos instrumentos tienen un peso significativo a partir de 2026 y, sobre todo, en 2027, cuando concentran pagos por unos US$6700 millones. En 2028, en cambio, su incidencia cae de forma marcada. Caputo dejó entrever que la estrategia oficial podría alcanzar también a estos instrumentos. Sin anunciar medidas concretas, los incluyó dentro de la lógica general de refinanciamiento. “Ningún país puede sobrevivir décadas cancelando deuda. Todos refinancian”, sostuvo.
La señal implica que el Gobierno buscaría evitar que estos vencimientos se traduzcan en una salida de reservas y que podrían incorporarse a un esquema más amplio de rollover, en línea con otros pasivos en moneda extranjera.
Consultado por el aumento del riesgo país, que este jueves se ubicó en torno a los 632 puntos básicos —por encima de los menos de 500 que había tocado a fines de enero, aunque muy por debajo de los más de 1000 previos a las elecciones legislativas—, el ministro relativizó los movimientos de corto plazo y los vinculó a factores transitorios.


