A casi dos meses de lanzado, no se nota un impacto significativo sobre los depósitos bancarios, que subieron apenas unos US$770 millones

Al plan para atraer los dólares “del colchón”, iniciativa que -a través de la denominada ley de “inocencia fiscal”- busca que los argentinos ingresen en cuentas bancarias ahorros no declarados, le cuesta arrancar o directamente no arranca.

A más de 50 días de que esa normativa -que permite depositar dólares sin tener que dar ninguna explicación de origen por hasta unos US$10.000 o US$100.000 si el cliente adhirió al régimen simplificado de declaraciones juradas de la ARCA- entró en vigencia, el 9 de febrero pasado, y de que el ministro de Economía, Luis Caputo, hiciera un llamado público para que “ahora sí” la gente lleve sus ahorros a los bancos, lo que se observa es que los depósitos privados en dólares subieron apenas unos US$770 millones.

Eso pese a que se puede calcular que los argentinos sí mantuvieron el ritmo de compra de divisas de los meses posteriores a las elecciones, ya que adquirieron unos US$4000 millones desde entonces.

Es más, si se toma el último mes, partiendo del momento en que el Banco Nación lanzó su campaña publicitaria “Nosotros cuidamos tus ahorros” (aquella en la que varios colchones dialogan en una plaza sobre sus “dolores” por tener que soportar la carga verde), esas colocaciones caen poco más de US$300 millones.

Se podrá argumentar que la capacidad de persuasión del ministro Caputo ha disminuido en los últimos meses. Mucho mejor le había ido a comienzos de julio del año pasado, cuando desafió a quienes creían que el dólar estaba barato: “Comprá, campeón”, había dicho. La respuesta fue que los argentinos adquirieron más de US$5400 millones solo en ese mes y dejaron más del 20% en cuentas bancarias.

El “Ahora sí, todos a llevar sus ahorros al banco”, posteado el día de la promulgación de la ley, no tuvo el mismo efecto.

Los analistas sostienen que la falta de respuesta a la convocatoria oficial tiene razones mucho más profundas, vinculadas con cierta desconfianza persistente -en especial respecto del compromiso de que no habrá persecución legal por evasión- y con la falta de incentivos reales para que los billetes migren de cajas de seguridad o del colchón a cuentas bancarias.

Sacando los temores vinculados al “blindaje legal” prometido, el economista Jorge Vasconcelos, del Ieral de la Fundación Mediterránea, cree que faltan alicientes que derivan de regulaciones que limitan el universo de potenciales tomadores de crédito en dólares.

“El decreto 905 de 2002, con regulaciones demasiado estrictas para el otorgamiento de créditos en dólares, a la vez desalienta la posibilidad de que los bancos ofrezcan mejores rendimientos para los depósitos en esa moneda a plazo fijo. Hoy, todavía hay espacio para la expansión del crédito en dólares porque los depósitos en moneda extranjera están en un 6% del PBI y, los créditos, en torno del 2,8%, aunque el hecho de que la amplia mayoría de los dólares depositados estén en cuentas a la vista da menos horizonte para otorgar créditos de mediano y largo plazo en esa moneda”, explicó.

Lo decidido recientemente por el Banco Nación parece darle la razón. La entidad, que tras lanzar la campaña de los colchones elevó del 9% al 15% su participación en la captación total del mercado (sumando a su administración unos US$2400 millones), para no sobrecargarse de dólares redujo hace unos días del 5% al 4% anual la tasa que ofrece por plazos fijos a un año.

Para su colega Fausto Spotorno, director de Ferreres y Asociados y economista de la Fundación Norte y Sur, todo tiene más que ver con un factor cultural: el valor que el argentino le da al dólar como “seguro” ante disgustos.

La gente compra y atesora dólares no por rentabilidad, sino como un ‘seguro’ contra cualquier evento político o económico, de los que aquí hemos tenido tantos. Sabe que puede perder plata al no invertirlos, pero no le importa tanto como contar con esa tranquilidad. Creo que los incentivos para resignar esa seguridad son bajos y los instrumentos que podrían mejorar ese premio aún son desconocidos para la mayor parte de la población”, sostuvo. Los datos también avalan esta mirada.

Desde que se levantó el cepo, los argentinos compraron unos US$31.000 millones, pero los depósitos bancarios en dólares crecieron en ese lapso solo US$9000 millones.

Considerando que unos US$7000 millones se usaron para pagar consumos (compras, importaciones hormiga o turismo en el exterior), quedan unos US$15.000 millones que no dejaron demasiado rastro.

Según el informe de la Balanza de Pagos del Indec, entre el primer y el último trimestre del año pasado unos US$12.700 millones pasaron a quedar atesorados en cajas de seguridad, se giraron a cuentas declaradas en el exterior o incrementaron los billetes guardados “bajo el colchón”.

En la mirada oficial, según lo expuesto por Caputo, pareciera ser una cuestión de tiempo. “Pasamos una ley que es absolutamente a prueba de balas y adhirieron las provincias. No hay ninguna posibilidad de que nadie te haga nada. No importa lo que digan los contadores. Así y todo, la gente lo piensa. ¿Por qué es eso? Por el daño psicológico que generó el kirchnerismo”, resumió hace dos semanas al exponer ante ejecutivos de finanzas. LA NACION intentó obtener una nueva evaluación al respecto, pero desde el Ministerio de Economía no hubo respuesta.

Para la directora ejecutiva de EcoGo Consultores, Marina Dal Poggetto, algo de eso puede haber a lo que se suma el ruido político que apareció en las últimas semanas y al que el propio ministro le habría adjudicado impacto en un riesgo país resistente a la baja.

“En los últimos años tuviste un blanqueo por gobierno. Milei ya tuvo uno que fue muy exitoso y esta vez va con esta especie de blanqueo permanente. Todavía hay tiempo para inscribirse en el régimen simplificado pero entiendo que persisten dudas, aunque lo que más condiciona este plan es el horizonte otra vez enrarecido: Caputo ya avisó que con un riesgo en 600 puntos no va ir al mercado de crédito internacional y las encuestas avisan que el camino a un segundo mandato, que parecía allanado, se diluye”, afirmó la economista.

A eso se agrega que los bancos no sean tan activos en promocionar el régimen, por las regulaciones antes mencionadas, lo que hace que las Alycs y agentes de mercado sean los que encabecen la campaña, aunque para un universo más acotado.

Una mirada similar tiene el economista Nery Persichini, de GMA. “Captar los dólares del colchón no está siendo tarea fácil. Con elecciones presidenciales en 2027, la probabilidad de un cambio en el rumbo económico es diferente de cero. ¿La lectura del mercado? Para extender duration después de octubre del año que viene exige una mayor tasa de rendimiento. Es decir, el costo financiero se encarece para el Tesoro en plazos superiores a un año y medio. Esto quedó en evidencia en la última licitación, donde el apetito por los bonos hard dollar fue limitado. En particular, el tramo no competitivo mostró menor holgura: el AO27 no llegó a cubrir el monto ofrecido y el AO28 apenas captó US$36 millones, pese a las tasas más altas”, hizo notar.

Las razones parecen ser muchas y variadas. Pero el repaso de las estadísticas confirma que —hasta aquí— la medida ideada para profundizar el crédito en dólares y reactivar la economía mediante una mayor circulación de divisas no muestra resultados evidentes. Quizá sea cuestión de tiempo o de mejorar los incentivos para generar confianza, como sugieren los especialistas.