Mayo 28, 2018

Continuamos con los especial de los mundiales, en esta oportunidad veremos otro mirada del MUNDIAL SUIZA 1954.


Ladislao Kubala. Un jugador que no formó parte del torneo mundial fue el más mencionado previo a él. El caso del “telegrama Kubala” aún hoy devela a los investigadores. Para disputar la clasificación al mundial suizo, España contaba con un poderoso seleccionado y con los servicios de éste inmenso jugador, que ya había sido parte de los seleccionados checo y húngaro.

Tuvo que disputar el repechaje con Turquía, venciéndolo fácilmente 4-1 en Madrid y, por cuidar el empate que los clasificaba, perdió a último momento en territorio turco. Como en ese momento no había diferencia de gol se propuso disputar el partido desempate en Roma. La presencia de éste jugador en su tercera selección nacional generaba cierta desconfianza en la FIFA y cuando llegó el telegrama aclarando que no podía ser incluído no llamó demasiado la atención. El partido terminó igualado en dos y un niño extrajo el nombre de Turquía de un bolillero, dándole el pasaporte a Suiza. Posteriormente se estableció fehacientemente que nadie de la FIFA desde la sede de Zurich había enviado el telegrama.

Demasiado tarde, España y Kubala se quedaban sin su mundial.

Es así que Suiza encarna el primer mundial europeo de posguerra. Sus modernos estadios, pequeña superficie, aceitada comunicación y, sobre todo, neutralidad garantizaban una acertada elección. Simultáneamente seria el primer mundial donde se televisaría la final del mundo, garantizando cerca de 50 millones de personas viendo esa transmisión.

Argentina sigue sin participar, con un comité que asistió al mundial comandado por el director técnico del combinado Guillermo Stábile.

Dieciséis equipos disputarían el mundial, con la sola exótica presencia de Corea del Sur, que en sus dos partidos cosechó 16 goles en contra y ninguno a favor. Ciertos resultados hacen necesario replantearse si el hecho de invitar combinados semiprofesionales a torneos del máximo nivel hacen que dichos equipos adquieran experiencia o aprensión…

El candidato natural era el ballet húngaro, que desde hacía 4 años estaba invicto, venciendo en los JJOO de Helsinki y a Inglaterra en el mismo Wembley, por un 6-3 aún recordado. El equipo comunista basaba su plantel en el equipo del ejército, Honved, donde varios de sus jugadores tenían rangos militares, entre ellos su estrella fulgurante, el Mayor Puskas.

Detrás de ellos venían, muy lejos, Austria, Uruguay y Brasil.

Estos últimos adquieren para éste mundial la tonalidad verde y amarilla de su atuendo, ya que venían participando con los colores azul y blanco, de manera de olvidar definitivamente el fantasma del 50.

Y detrás de ellos estaban los alemanes con algunas estrellas como Fritz Walter y Rahn y el director técnico seguía siendo, Sepp Herberger, un astuto zorro y sagaz diagramador de partidos.

La curiosa diagramación de los 4 grupos hizo que solamente se disputen 2 partidos por grupo, ya que había dos equipos considerados fuertes y dos débiles por grupo, y entre ambos extremos no se enfrentaban.

Es entonces cuando Herberger saca cálculos y deduce que le conviene perder ante Hungría, el candidato natural, ya que le quedaría un camino más allanado hacia la final y presenta un equipo alternativo que enfrenta al ballet. Cae derrotado 8 a 3, pero logra sus dos objetivos: ir por la llave menos complicada y lesionar (para todos los comentaristas de la época deliberadamente) a Puskas, mediante su cancerbero Liebrich.

El local se enfrentaba a Italia, bicampeón mundial. Los paparazzi declaraban abiertamente “Nosotros tuvimos un Leonardo, un Miguel Ángel, en 900 años todo lo que pudieron inventar los suizo fue el reloj cucú”. Resultado, Suiza vence fácilmente 4 a 1 a los itálicos.

Por la otra llave los húngaros comenzaban con el derrotero que evitó Alemania, enfrentándose a los  brasileños y protagonizando lo que se conoce como “la batalla de Berna”, donde lo último que se practicó fue fútbol.

Y posteriormente llegó uno de los mejores partidos de la historia de los mundiales contra los invictos uruguayos (en 24 años de mundiales jamás habían sido derrotados).

El partido era ganado por los magiares por 2 a 0 y Uruguay llega, primero al descuento y luego al empate, en ambas ocasiones por intermedio del argentino nacionalizado Juan Hohberg.

Luego de convertir el gol del empate transitorio, el jugador surgido en Rosario Central, sufre un paro cardíaco falleciendo unos minutos!!, siendo reanimando y continuando el juego.

Finalmente Hungría vence 4 a 2, declarando el DT húngaro “Hemos derrotado al mejor equipo que jamás nos haya enfrentado”.

Por el otro sector los germanos daban fácil cuenta de Austria en semifinales, venciéndolo 6 a 1, el plan del DT teutón daba sus frutos.

“El mejor equipo de la historia del fútbol” iba a derrotar nuevamente a esos primitivos germanos que parecían las tropas de los bárbaros tratando de frenar a las sofisticadas tropas de Julio César.

No sucedió, Alemania gana 3 a 2 contra todos los pronósticos, luego de ir perdiendo por dos goles con solo 8 minutos de juego.

Un nuevo campéon ha salido a la luz. Herberger, una vez más, tenía razón.

Seguimos con los especiales de la historia de los mundiales, en esta oportunidad el Mundial Francia 1938.


El triunfo suizo frente al combinado germano en pleno mundial fue, lamentablemente, sólo una metáfora de la superioridad del pacifismo por sobre el militarismo.

El clima bélico en el que estaba imbuido el viejo continente fue también manifestado en el mundial francés. Los saludos alemanes con los talones unidos y la elevación de sus brazos derechos, así como también el uso de una camiseta alternativa negra (los “camisas negras” del fascismo) en el encuentro entre franceses e italianos por parte de éstos últimos dan una cabal muestra que el deporte no puede ni abstraerse ni separarse de la política, siendo el público francés muy hostil con alemanes e italianos en todo momento durante el desarrollo del certamen.

Paralelamente la Guerra Civil española hizo que, lógicamente, España no sea parte del certamen.

El tercer mundial de la historia se disputó en Francia y fueron 35 los países inscriptos, debiendo disputarse encuentros eliminatorios para arribar al torneo ecuménico.

Austria, uno de los equipos más fulgurantes de la época, no pudo ser parte del torneo al haber sido anexada al Tercer Reich. Su estrella del 34, Matthias Sindelar, no quiere jugar para sus conquistadores y un año más tarde se quita la vida abruptamente.

Uruguay decide no participar y Argentina consideraba que tenía que ser sede del mundial, negando la participación al haber sido elegido el país europeo.

Se corrigen errores de torneos anteriores y clasifican tanto el local como el campeón vigente directamente. Entre los países que dan un tinte de planetario se encuentran Cuba y el primer representante de Asia Indias Orientales Holandesas, hoy Indonesia, siendo la única participación de ambos hasta la actualidad.

Brasil por primera vez presenta un equipo competitivo con un jugador increíble como Leónidas, que en su encuentro ante Polonia logra 4 goles, uno de ellos descalzo gracias a la permisividad del árbitro sueco Eckling que no lo había advertido, dando paso a la posteridad al “gol de las medias”. Del otro lado Willimowski también convirtió 4 dianas para el resultado final 6-5 a favor del país carioca.

Sin embargo el director técnico de los sudamericanos, Pimenta, comete un error por subestimar a los italianos en la semifinal y dejar en el banco a sus grandes figuras, preservándolos para la final.

La derrota por 2 a 1 provoca que el entrenador vuelva ese mismo día en barco hacia Sudamérica, pero no desembarca ni en Río de Janeiro ni en San Pablo, sino en Montevideo, retornando muy silenciosamente en vehículo hacia su país. Sólo volvió el DT ya que Brasil se quedó a disputar y ganar el partido por el tercer puesto, que desde allí y tradicionalmente se lo conoce como el “partido de las viudas” ya que ambos equipos llegan de perder la posibilidad de disputar la final.

Si de técnicos se trata es en éste mundial donde debuta dirigiendo al equipo alemán un muy joven Sepp Herbeger, “El Mago”, dando comienzo de ésta manera a la tradición teutona vigente por éstos días de mantener a los cuerpos técnicos durante décadas, como si la técnica y la táctica se tratara de un brebaje único que debe ser entregado del maestro a su mejor alumno, o del director técnico a su ayudante de campo.

Por la otra llave destacaban los magos húngaros, últimos exponentes del ballet fútbol, que debían enfrentar a los suecos, triunfadores de Cuba por 8 a 0.

Sarosi, extraordinario centrodelantero del equipo magiar, insufla ánimo a sus compañeros diciendo “tranquilos muchachos, los escandinavos o están bajo la nieve o están en el mar. No pueden jugar al fútbol”.

Los suecos eran conocidos como “el equipo de acero”, tratando de evocar la imagen de uno de sus productos tradicionales. Y a decir verdad ese apodo transmitía fielmente la virtud de la resistencia del equipo de casaca amarilla, pero también su peor defecto, la rigidez.

No hubo instante en el partido donde los constantes movimientos de los húngaros pudieran ser detectados por sus rivales, contando la leyenda que en el segundo tiempo un cuervo se ubicó en el área penal de éstos sin ser perturbado en ningún momento. El resultado de 5 a 1 da cuenta de una superioridad rara vez vista en una instancia semifinal de un mundial.

El otro finalista, Italia, con su sempiterno director Técnico Victorio Pozzo y su fan número uno Benito Mussolini, debía revalidar la obtención del mundial anterior y de los juegos olímpicos del 36.

Cuando Monsieur Lebrun, presidente de la República Francesa, desciende al campo a estrechar la mano de los finalistas pregunta desconcertado a Jules Rimet donde están los franceses.

Por suerte para éste último el árbitro de la final, Capdevielle, era francés y fue presentado al presidente.

La ignorancia de Lebrun tenía un motivo, era la primera vez que una final no era disputada por los locales.

Es entonces que se juega la final entre italianos y húngaros y los primeros vencen con justicia 4 a 2, coronándose de esa manera en el primer bicampeón mundial de fútbol, quedando a su guarda en un banco de Roma la Copa durante 12 años hasta el próximo mundial. La Guerra tiene la palabra.

 

Continuamos con los especiales de Mundiales, contados desde una mirada totalmente diferente.


Curiosa paradoja en la vida de Luis Monti, en Uruguay 30 su vida corría peligro si Argentina ganaba el mundial, en Italia 34 le ocurría lo mismo… pero si su equipo, Italia, no lo ganaba.

Una vez determinada que la sede del 2º mundial de fútbol sería Italia, ante la sorpresa de muchos ya que los países fuertes eran Austria, Hungría y Checoslovaquia, comenzaron las inscripciones de las Asociaciones.

Treinta y tres equipos lo hicieron y los grandes ausentes fueron el campeón vigente Uruguay, que no se presentó en respuesta al boicot italiano del mundial disputado 4 años antes e Inglaterra, que como creador del balompié seguía resistiéndose a la idea de un mundial

Argentina si lo hace con un equipo muy débil, ya que la FIFA sólo reconocía a la Asociación Amateur, marginando de este modo a los grandes cracks nucleados en la Liga Profesional.

Resultado de ello es que son convocados jugadores de equipos tales como Defensores de Belgrano, Colón y Unión de Santa Fe, Sportivo Desamparados de San Juan y Sarmiento de Resistencia entre otros. Es así que es eliminado en primera rueda por Suecia, en su único partido. La dieta del combinado nacional a base de pastas y vino Chianti no surtió efecto ante los atletas suecos.

Curiosamente, y por única vez ya que fue corregido al mundial siguiente, existió el riesgo teórico de que el país local no forme parte del campeonato, ya que tuvo que clasificar compitiendo contra Grecia, partido que ganó cómodamente 4-0. Grecia se negó a intentar la remontada imposible como local y como recompensa Italia le obsequió 400000 dólares para que la federación helénica construyera su sede.

Hacia 1934 el fascismo no era la amenaza de unos años posteriores y la guerra era un fantasma remoto. Il Duce, Benito Mussolini, quería sacar el mayor rédito político del evento y se convirtió en el tifosi número uno de la Azurra, siendo que hacia 1933 había concurrido solamente a un partido de fútbol, un empate entre los suyos e Inglaterra. Incluso, la gente se agolpaba durante la disputa del mundial en las vidrieras de los negocios a ver los resultados de su deporte predilecto… el ciclismo y el tradicional “Giro D´Italia”.

Finalmente los 16 equipos estaban clasificados, con la presencia sin pena ni gloria de Brasil y las notas de color fueron Antillas Holandesas, EEUU y Egipto. A éste último le tocó jugar en Nápoles, con estadio prácticamente vacío, contra uno de los candidatos, Hungría, y un diario de esa ciudad tituló “Los egipcios sólo pueden ganar si ayuda la maldición de la tumba de Tutankamón”. El faraón no se dio por aludido y Egipto retornó a sus tórridas tierras arenosas.

Hacia la segunda ronda sólo quedaban 8 equipos europeos.

Los locales, contra España, tuvieron que jugar dos encuentros (el primero resultó empatado en uno) en una especie de batalla deportiva donde para el segundo encuentro al día siguiente ninguno de los dos teams pudo repetir la formación, Italia con 4 cambios (uno por fractura) y España con 8 modificaciones. Ricardo Zamora, el increíble arquero español, que detuvo él sólo a un equipo no pudo estar presente. Italia venció a España 2 a 1, pero no al “Divino”.

Finalmente, el día de la final llegó.

Por un lado el local, que había eliminado en semifinales al wunderteam Austria, que contaba con uno de los más extraordinarios centrodelanteros de la historia, Matthias Sindelar, alias el Mozart del fútbol o el hombre de papel por su habilidad para sortear rivales. Su técnico Meisl, el director del ballet, lírico hasta el paroxismo, sostenía “Antes de incluir un torpe, prefiero jugar con diez”

Desde la otra llave Checoslovaquia, que alistaba otro golero de leyenda, Frantisek Planicka, con más de mil partidos como titular del Slava Praga.

Previo al encuentro, Il Duce paso a brindar unas palabras motivadoras a la delegación italiana “Buena suerte para mañana muchachos, ganen, si no, crash”. Ese crash reproducía el nada agradable ruido de la guillotina al cortar una cabeza.

No conforme con su incondicional apoyo, redobló apuestas y durante el entretiempo de la final que estaba igualada tuvo unas palabras para el entrenador Vittorio Pozzo “Que Dios lo ayude si llega a fracasar”.

Italia venció 2 a 1. Con todas las armas legales e ilegales que dispuso durante el torneo (incluida la suspensión de por vida del árbitro suizo, Malcet, luego de su intervención en el citado duelo con España).

Finalmente el DT italiano, “Il Comisario Unico”, podía darse por satisfecho, cuatros años después demostró que su equipo tenía verdadera estatura, coronándose campéon en un territorio hostil.

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