Mayo 28, 2018

Continuamos con los especiales de los mundiales, en esta oportunidad Brasil 1950.


Carnaval carioca. Samba. Fuegos artificiales. Cachaza.

No había otra forma de describir lo que iba a ser el Mundial de 1950, que lógicamente se desarrollaría en Brasil “O pais mais grande do mundo”.

Se decidió en 1948 , en el congreso de la FIFA, que la sede del cuarto mundial de fútbol iba a ser el gran país sudamericano, Europa no podía asumir los costos de organización de un evento de fútbol por razones obvias de la inmediatez y devastación que produjo la Segunda Guerra Mundial. Se incorporó a pedido del local el sistema de 4 grupos de 4 equipos cada uno y en la segunda ronda los cuatro primeros conformarían un nuevo grupo y por puntos se definiría el campeón. Es decir, era la primera vez que una copa del mundo no tendría final, pero quiso el destino que si la hubiere.

Igualmente solo formaron parte del cuadro final 13 equipos a raíz de renuncias y destratos, moneda corriente en la FIFA de esas épocas.

Argentina decide no participar a raíz de una batalla campal que sucedió en un partido contra Brasil del Sudamericano (actual Copa América) del año 46. Eran los años del “dorado colombiano” donde todas las grandes estrellas argentinas se desempeñaban en ese país.

Tanto Alemania como el sector comunista detrás de la barrera de hierro impuesta por Churchill no participó, es decir Hungría y Checoslovaquia, los últimos dos subcampeones mundiales.

El oponente número uno para anular la alegría del local era Inglaterra, ya que finalmente los maestros e inventores del fútbol decidieron que era hora de demostrar su superioridad y se presentaron por primera vez a una copa del mundo.

Luego de un triunfo ante Chile es la hora de enfrentar el debilísimo Estados Unidos. Pasan los minutos y el marcador no se mueve, y hacia el minuto 37 EEUU abre el marcador. Su arquero empieza  a realizar atajadas increíbles e incluso logra que un periodista inglés, atónito, describa “Clark Kent le dio paso a Superman”. El resultado no se modifica y el fantasma inglés ya no era tal. Los ingleses tomaron nota y dejarían de citar a los jugadores mediante un correo de un Honorable Comité que prácticamente les decía “señores, reúnanse y salgan a hacer lo que saben” y designarían un manager hacia el futuro.

El rival número dos era Italia, vigente bicampeón reinante, pero quiso el destino que una tragedia aérea conocida como “la tragedia de Superga” en 1949 acabara con la vida de, entre otros, 9 jugadores del Torino, titulares del seleccionado itálico. Italia se presenta pero con un equipo totalmente diezmado y prontamente eliminado.

Pocos tenían presente a un pequeño país sudamericano, capaz de las más encomiables hazañas y con jugadores de extrema calidad y garra, la “garra celeste”.

Para que la fiesta sea completa se necesitaba un estadio enorme, el más grande del mundo, con capacidad para 220000 espectadores, ubicado a las orillas de un pequeño riacho llamado “Maracaná”, de allí obtiene su nombre. Hacia Junio de 1950 se desplazan por orden del presidente carioca Gaspar Dutra 1500 soldados a colaborar con su construcción, ya que se temía no llegar a tiempo para la inauguración contra México.

A medida que transcurre el torneo el local tiene la particularidad de hacer un gol en los primeros minutos de cada encuentro, que fue conocido como “el gol de los 3 minutos” y su paso hacia segunda ronda fue un trámite salvo un empate fuera de los cálculos contra Suiza.

Por las otras llaves llegaban los españoles, que tomaron revancha de los ingleses por la posesión del peñón de Gibraltar y los dejaron fuera de la copa con en gol del enorme Telmo Zarra, utilizado por el Franquismo imperante como “el triunfo de la España eterna frente a la decadente democracia inglesa”, paradojas del fútbol; Suecia que no tuvo problemas en eliminar a los menguados italianos y Uruguay que solo debió competir con Bolivia.

El trámite para los locales se volvía más y más rutinario, venciendo en la rueda final por seis y siete goles a sus rivales españoles y suecos respectivamente.

Mientras tanto ante los mismos rivales los uruguayos logran empatar y vencer agónicamente respectivamente.

Es así que con Brasil liderando la ronda debe enfrentarse con el Uruguay en el partido final del grupo al cual, solo por obra de la casualidad, llegaron los únicos dos equipos con chances matemáticas de campeonar, representando una final solapada.

Simultáneamente y en el mismo horario en un partido donde se podían notar hasta las pulsaciones del delantero Neka Skoglund, los suecos se quedaban con el tercer puesto ante los ibéricos, en un estadio Pacaembú inigualablemente vacío.

Primer tiempo y el gol de los 3 minutos que no aparece. Brasil no quiere ser campeón igualando, quiere ganar, golear, gustar y humillar. En el segundo tiempo los locales abren el marcador y desatan la alegría.

Un increíblemente tranquilo Obdulio Varela (“arriba la celeste!”) toma la pelota del arco y la lleva al medio del campo. En diez minutos Uruguay empata. En doce más lo da vuelta con el gol increíble de Alcides Ghiggia a Barbosa, futuro chivo expiatorio y proscripto hasta en el mundial 94 cuando le negaron la entrada en su visita al scratch, aduciendo que portaba mala suerte. Los locales recuerdan que con el empate igual son campeones y tratan de lograrlo con todas sus armas pero no lo logran.

Termina el encuentro, Uruguay campeón del mundo!. El Maracanazo, la peor pesadilla del fútbol brasileño es realidad, pero siembra las semillas de una generación que ganaría todo, con un pequeño Edson Arantes de Nascimento que llora escuchando la radio en algún punto perdido de Tres Coraçoes jurando venganza.

Seguimos con los especiales de la historia de los mundiales, en esta oportunidad el Mundial Francia 1938.


El triunfo suizo frente al combinado germano en pleno mundial fue, lamentablemente, sólo una metáfora de la superioridad del pacifismo por sobre el militarismo.

El clima bélico en el que estaba imbuido el viejo continente fue también manifestado en el mundial francés. Los saludos alemanes con los talones unidos y la elevación de sus brazos derechos, así como también el uso de una camiseta alternativa negra (los “camisas negras” del fascismo) en el encuentro entre franceses e italianos por parte de éstos últimos dan una cabal muestra que el deporte no puede ni abstraerse ni separarse de la política, siendo el público francés muy hostil con alemanes e italianos en todo momento durante el desarrollo del certamen.

Paralelamente la Guerra Civil española hizo que, lógicamente, España no sea parte del certamen.

El tercer mundial de la historia se disputó en Francia y fueron 35 los países inscriptos, debiendo disputarse encuentros eliminatorios para arribar al torneo ecuménico.

Austria, uno de los equipos más fulgurantes de la época, no pudo ser parte del torneo al haber sido anexada al Tercer Reich. Su estrella del 34, Matthias Sindelar, no quiere jugar para sus conquistadores y un año más tarde se quita la vida abruptamente.

Uruguay decide no participar y Argentina consideraba que tenía que ser sede del mundial, negando la participación al haber sido elegido el país europeo.

Se corrigen errores de torneos anteriores y clasifican tanto el local como el campeón vigente directamente. Entre los países que dan un tinte de planetario se encuentran Cuba y el primer representante de Asia Indias Orientales Holandesas, hoy Indonesia, siendo la única participación de ambos hasta la actualidad.

Brasil por primera vez presenta un equipo competitivo con un jugador increíble como Leónidas, que en su encuentro ante Polonia logra 4 goles, uno de ellos descalzo gracias a la permisividad del árbitro sueco Eckling que no lo había advertido, dando paso a la posteridad al “gol de las medias”. Del otro lado Willimowski también convirtió 4 dianas para el resultado final 6-5 a favor del país carioca.

Sin embargo el director técnico de los sudamericanos, Pimenta, comete un error por subestimar a los italianos en la semifinal y dejar en el banco a sus grandes figuras, preservándolos para la final.

La derrota por 2 a 1 provoca que el entrenador vuelva ese mismo día en barco hacia Sudamérica, pero no desembarca ni en Río de Janeiro ni en San Pablo, sino en Montevideo, retornando muy silenciosamente en vehículo hacia su país. Sólo volvió el DT ya que Brasil se quedó a disputar y ganar el partido por el tercer puesto, que desde allí y tradicionalmente se lo conoce como el “partido de las viudas” ya que ambos equipos llegan de perder la posibilidad de disputar la final.

Si de técnicos se trata es en éste mundial donde debuta dirigiendo al equipo alemán un muy joven Sepp Herbeger, “El Mago”, dando comienzo de ésta manera a la tradición teutona vigente por éstos días de mantener a los cuerpos técnicos durante décadas, como si la técnica y la táctica se tratara de un brebaje único que debe ser entregado del maestro a su mejor alumno, o del director técnico a su ayudante de campo.

Por la otra llave destacaban los magos húngaros, últimos exponentes del ballet fútbol, que debían enfrentar a los suecos, triunfadores de Cuba por 8 a 0.

Sarosi, extraordinario centrodelantero del equipo magiar, insufla ánimo a sus compañeros diciendo “tranquilos muchachos, los escandinavos o están bajo la nieve o están en el mar. No pueden jugar al fútbol”.

Los suecos eran conocidos como “el equipo de acero”, tratando de evocar la imagen de uno de sus productos tradicionales. Y a decir verdad ese apodo transmitía fielmente la virtud de la resistencia del equipo de casaca amarilla, pero también su peor defecto, la rigidez.

No hubo instante en el partido donde los constantes movimientos de los húngaros pudieran ser detectados por sus rivales, contando la leyenda que en el segundo tiempo un cuervo se ubicó en el área penal de éstos sin ser perturbado en ningún momento. El resultado de 5 a 1 da cuenta de una superioridad rara vez vista en una instancia semifinal de un mundial.

El otro finalista, Italia, con su sempiterno director Técnico Victorio Pozzo y su fan número uno Benito Mussolini, debía revalidar la obtención del mundial anterior y de los juegos olímpicos del 36.

Cuando Monsieur Lebrun, presidente de la República Francesa, desciende al campo a estrechar la mano de los finalistas pregunta desconcertado a Jules Rimet donde están los franceses.

Por suerte para éste último el árbitro de la final, Capdevielle, era francés y fue presentado al presidente.

La ignorancia de Lebrun tenía un motivo, era la primera vez que una final no era disputada por los locales.

Es entonces que se juega la final entre italianos y húngaros y los primeros vencen con justicia 4 a 2, coronándose de esa manera en el primer bicampeón mundial de fútbol, quedando a su guarda en un banco de Roma la Copa durante 12 años hasta el próximo mundial. La Guerra tiene la palabra.

 

Continuamos con los especiales de Mundiales, contados desde una mirada totalmente diferente.


Curiosa paradoja en la vida de Luis Monti, en Uruguay 30 su vida corría peligro si Argentina ganaba el mundial, en Italia 34 le ocurría lo mismo… pero si su equipo, Italia, no lo ganaba.

Una vez determinada que la sede del 2º mundial de fútbol sería Italia, ante la sorpresa de muchos ya que los países fuertes eran Austria, Hungría y Checoslovaquia, comenzaron las inscripciones de las Asociaciones.

Treinta y tres equipos lo hicieron y los grandes ausentes fueron el campeón vigente Uruguay, que no se presentó en respuesta al boicot italiano del mundial disputado 4 años antes e Inglaterra, que como creador del balompié seguía resistiéndose a la idea de un mundial

Argentina si lo hace con un equipo muy débil, ya que la FIFA sólo reconocía a la Asociación Amateur, marginando de este modo a los grandes cracks nucleados en la Liga Profesional.

Resultado de ello es que son convocados jugadores de equipos tales como Defensores de Belgrano, Colón y Unión de Santa Fe, Sportivo Desamparados de San Juan y Sarmiento de Resistencia entre otros. Es así que es eliminado en primera rueda por Suecia, en su único partido. La dieta del combinado nacional a base de pastas y vino Chianti no surtió efecto ante los atletas suecos.

Curiosamente, y por única vez ya que fue corregido al mundial siguiente, existió el riesgo teórico de que el país local no forme parte del campeonato, ya que tuvo que clasificar compitiendo contra Grecia, partido que ganó cómodamente 4-0. Grecia se negó a intentar la remontada imposible como local y como recompensa Italia le obsequió 400000 dólares para que la federación helénica construyera su sede.

Hacia 1934 el fascismo no era la amenaza de unos años posteriores y la guerra era un fantasma remoto. Il Duce, Benito Mussolini, quería sacar el mayor rédito político del evento y se convirtió en el tifosi número uno de la Azurra, siendo que hacia 1933 había concurrido solamente a un partido de fútbol, un empate entre los suyos e Inglaterra. Incluso, la gente se agolpaba durante la disputa del mundial en las vidrieras de los negocios a ver los resultados de su deporte predilecto… el ciclismo y el tradicional “Giro D´Italia”.

Finalmente los 16 equipos estaban clasificados, con la presencia sin pena ni gloria de Brasil y las notas de color fueron Antillas Holandesas, EEUU y Egipto. A éste último le tocó jugar en Nápoles, con estadio prácticamente vacío, contra uno de los candidatos, Hungría, y un diario de esa ciudad tituló “Los egipcios sólo pueden ganar si ayuda la maldición de la tumba de Tutankamón”. El faraón no se dio por aludido y Egipto retornó a sus tórridas tierras arenosas.

Hacia la segunda ronda sólo quedaban 8 equipos europeos.

Los locales, contra España, tuvieron que jugar dos encuentros (el primero resultó empatado en uno) en una especie de batalla deportiva donde para el segundo encuentro al día siguiente ninguno de los dos teams pudo repetir la formación, Italia con 4 cambios (uno por fractura) y España con 8 modificaciones. Ricardo Zamora, el increíble arquero español, que detuvo él sólo a un equipo no pudo estar presente. Italia venció a España 2 a 1, pero no al “Divino”.

Finalmente, el día de la final llegó.

Por un lado el local, que había eliminado en semifinales al wunderteam Austria, que contaba con uno de los más extraordinarios centrodelanteros de la historia, Matthias Sindelar, alias el Mozart del fútbol o el hombre de papel por su habilidad para sortear rivales. Su técnico Meisl, el director del ballet, lírico hasta el paroxismo, sostenía “Antes de incluir un torpe, prefiero jugar con diez”

Desde la otra llave Checoslovaquia, que alistaba otro golero de leyenda, Frantisek Planicka, con más de mil partidos como titular del Slava Praga.

Previo al encuentro, Il Duce paso a brindar unas palabras motivadoras a la delegación italiana “Buena suerte para mañana muchachos, ganen, si no, crash”. Ese crash reproducía el nada agradable ruido de la guillotina al cortar una cabeza.

No conforme con su incondicional apoyo, redobló apuestas y durante el entretiempo de la final que estaba igualada tuvo unas palabras para el entrenador Vittorio Pozzo “Que Dios lo ayude si llega a fracasar”.

Italia venció 2 a 1. Con todas las armas legales e ilegales que dispuso durante el torneo (incluida la suspensión de por vida del árbitro suizo, Malcet, luego de su intervención en el citado duelo con España).

Finalmente el DT italiano, “Il Comisario Unico”, podía darse por satisfecho, cuatros años después demostró que su equipo tenía verdadera estatura, coronándose campéon en un territorio hostil.

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