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Como nunca, el Central de Montero se juega a todo o nada

Central juega un partido definitorio por los cuartos de final de la Copa Argentina frente a Godoy Cruz. Si gana, el ciclo de Montero como técnico sigue, si no a barajar y dar de nuevo. Desde las 18, por TyC Sports.

Es "una final". Una más en una copa como la Argentina que no da segundas oportunidades. Pero que irremediablemente será un antes y un después. Hay un ciclo que está en juego. No es una especulación, lo dijo el mismo protagonista. Por eso esa carga extra que no sólo envuelve al técnico Paolo Montero, de él se trata, sino a un plantel que necesita como el agua seguir marchando hacia una nueva final. Abajo no está el colchón de una campaña acorde en la Superliga y por eso esa presión que estará sobre los hombros canallas esta tarde en cancha de Instituto, ante Godoy Cruz, por los cuartos de final de un torneo donde sólo River aparece como el gran cuco. Central, como ante Boca, se mira al espejo de un partido bisagra en busca del mismo final que signifique un principio. Sí. Porque además de ir por este título, la obligación de mejorar en el campeonato es ahora y también hay que asumirla.

Montero asumió esta realidad desde el mismo momento en que se consumó una nueva derrota en la Superliga en el Gigante ante Argentinos Juniors. Claro que el correr de los días lo situaron en un mejor lugar discursivo. Del emplazamiento que se puso luego del 3-1 pasó a una confianza absoluta de que las cosas saldrán bien, a medida que fue viendo en la semana el semblante de los suyos. Y está bien que así sea. Que hacia afuera el mensaje sea optimista. Además, porque más allá de los vaivenes pronunciados que mostró el equipo (con vicios impensados en materia defensiva pero también de generación y contención en el mediocampo), Central tiene con qué reaccionar.

Es cierto que el plantel se devaluó inevitablemente entre las partidas y arribos desde fines del año pasado, pero hay resto como para frenar la caída. De hecho, más allá del partido pensado en función del rival que hizo ante Boca, hay jugadores que pueden asumir el rol en los momentos difíciles, volver a ser un oponente de temer y de hecho todos tienen la suficiente experiencia. Como por ejemplo, para rodear y dejar hacer al pibe Joaquín Pereyra, la sorpresiva apuesta de Montero que siempre apuntaló su estrategia en los más grandes y ahora la descargó en un juvenil de 18 años que hace sus primeras armas, algo que nunca hizo. En la más difícil habrá un cambio que puede sonar a manotazo de ahogado o a darse cuenta por parte del entrenador que ellos merecen tener cabida. Una parada brava para demostrarlo, por cierto.

Así las cosas, Montero, pero también el equipo que lo banca, se encuentran ante una verdadera prueba de fuego. La de seguir proa a una cuarta final consecutiva (semifinal en el medio) mostrando una nueva reacción futbolística como ante Boca, que inexorablemente deberá apuntalar después en la Superliga. O la de barajar y dar de nuevo. No parece haber una estación intermedia. Central se juega al todo o nada. Son los tiempos que le tocó transitar.

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